martes, mayo 29, 2007

Parte II: el optimismo de saberse finito (conclusiones)

Reflexionar acerca de la muerte pareciera propio de personas con tendencias depresivas, si bien esto es algo común, la muerte no es exclusiva de los pesimistas: los optimistas también se mueren.

Más aún, si alguna persona quiere persuadirte de dejar de reflexionar en cosas "tan feas" es porque seguramente esa persona no lo ha hecho. Lo común es que la gente quiera vivir como inmortal, y aunque ninguna persona debería estar reflexionando cada hora sobre su finitud es conveniente que haya enfrentado el tema. Una pesimista consciente de su finitud se lamenta de que un día terminará su existencia mientras que un optimista se plantea qué es lo que va a hacer con ella.
Reflexionar sobre la muerte no condiciona a nadie a ser pesimista como tampoco garantiza volverlo a uno optimista, pero lo que sí garantiza es una existencia más auténtica, y una existencia auténtica puede conducir al optimismo y a la auto-realización.

Ya se había dicho algo de esto, la consciencia de los límites es parte del conocimiento de nosotros mismos, así como es valioso conocer que tan alto podemos brincar, o que cualidades tenemos o cualquier aspecto de nuestra vida en virtud para vivir esa misma vida mejor, así también es importante ser consciente de nuestros límites temporales.

Más aún, es más facil llegar al pesimismo evitando la reflexión de la finitud, que el optimismo afrontandola porque en lo primero hay un escape irresoluble y en lo segundo a pesar de enfrentar verdades posiblemente aterradoras existe la posibilidad de superarlas, en la primera opción no hay ninguna y me parece que este hecho tan trascendental para nuestra existencia no debe permanecer oculto, y de algún modo podría ser una experiencia no solamente de caracter resignatorio afrontar las "aterradoras verdades" sino también edificante encontrar una buena razón por la cual vivir una mejor vida desde hoy y cada instante.

7 comentarios:

Existencialista de mierda dijo...

Simplemente quería redondear el artículo anterior. Tengo en la mente varias cosas que debo publicar los próximos días, aunque intento tener la cortesia de dar un tiempo de lectura que se ve satisfecho con sus atentos comentarios. A ver que pasa. Saludos.

AleEle dijo...

estuve a punto de citarte en un ensayo que estoy escribiendo para Edgar... pero luego vi que no quedaba también y se salía de los propios límites de mi texto y ya, que mal...

Anónimo dijo...

Querido cerdito existencial:
Hoy, de nuevo, me has sacado una sonrisa. Aunque espero que no pienses, por la platica que tuvimos en el chat, que soy una persona triste, porque no lo soy. Tengo tendencias a deprimirme, es diferente. Con respecto a este artículo, que parece una bella conclusión de nuestra plática, estoy TOTALMENTE de acuerdo contigo. No porque las respuestas no nos gusten, debemos dejar de preguntarnos. Hay que preguntarnos siempre, hasta que la tierra nos llene la boca. Estoy investigando sobre el rollo del azar en el proceso de la evolución humana y un biólogo, cuyo nombre he olvidado escribir, al menos correctamente, plantea que es más una cuestión de suerte, que de azar. Prometo enviarte lo investigado a tu correo para que me digas que piensas. Gracias por platicar conmigo esa noche. Y gracias por sacarme una sonrisa cada vez que escribes en tu blog, por favor, no dejes de hacerlo.
Tu consumidora:
Nadia

Garcín Altoalcázar dijo...

Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero...

Gizmo dijo...

Yo no soy tan intelectual. No leo autores sesudos y todas mis referencias se deben a estilos narrativos. Por eso al hablar de la finitud de la vida no puedo desvincularlar de la imagen de Tyler Durden: "para estar listo tienes que aceptar la idea de que un dia vas a morir..."

Filosofo de la torre de marfil dijo...

Los optimistas también se mueren, ahora sí me voy a deprimir.

Tanúx dijo...

Esto me gusta...
Tener la muerte bien presente nos ayuda a pensar mejor lo que estamos haciendo.
Si sabes que el tiempo se acaba, con buena o mala cara, no tienes pretexto para no actuar. Digo, cuando de verdad lo sabes, cuando de verdad valoras lo que es tener a la muerte picándote los hombros.
En fight club, por ejemplo, el dependiente de la tienda no se atreve a mover un dedo a favor de su vida hasta que tiene el cañón de una pistola en la cabeza... Así vivimos algunos depresivos, obsesionados con la muerte, pero tomándola como motor, aún más fuerte que las simplicidades de la vida para movernos. Así al infeliz le surge la pequeña y ridícula esperanza, de que momentos antes de que su puerca vida termine, podrá experimentarla, para desecharla al fin.
Punto.