viernes, abril 20, 2007

Journals and Papers

Este blog tiene la peculiar habilidad de perder lectores, para lo cual se necesita primero tener lectores. Alguna vez los tuve, vinieron por centenares, pero eran tantos que no cabían por el ancho de banda y la filosofía se encargo del trabajo de desalojarlos.
Sé que todavía tengo lectores, algunos, y que tengo comentadores: aún menos, esto no parece ser ningún logro por que hay sitios y sitios personales con poca audiencia, pero al mismo tiempo pocos sitios tuvieron el rating que este tuvo, no sé porque me da tanto jubilo haber tenido tantos lectores y luego perderlos. Con un esfuerzo hubiera podido haberlos conservado, pero no tuve el animo. Tampoco me propuse alejarlos, sólo quiero escribir de filosofía, es lo que me gusta y de lo que sé, fuera de eso sé de muy pocas cosas. Cualquiera puede retar en cualquier momento mi conocimiento en literatura, mecánica, y razas de perros para descubrir mi total ignorancia.
Siendo que la filosofía y los textos largos son tan poco populares y que a eso me he dedicado ultimamente se explica pues mi debacle.
Esta continua caída me hace pensar en un tono apocalíptico, en cada entrada nueva sé que menos gente me leerá y eso me libra de cualquier compromiso, puedo escribir como deseo y lo que deseo. Lo bueno de haber conocido a la muchedumbre es que ya nunca la extrañas.
Algunas personas me leen es cierto, pero cuento con que me tienen cierta simpatía o lastima o en algunos casos siento que me leen desde hace mucho tiempo y puedo hablar con ellos con naturalidad y confianza.
Sí, escribo para ellos pero no son mi lector imaginario. La persona que imagino que me lee todavía no lo hace, vendrá en algunos años buscando la genesis de algo que lo sorprendió. Hace poco un amigo me recomendó que conservara un diario, los filósofos mortales dedicamos nuestra vida al estudio de las grandes ideas de mentes gigantescas que estuvieron antes que nosotros. Cuando menos nos damos cuenta, nuestra vida pasa y nunca pudimos decir nada nosotros mismos. Sólo interpretamos lo que decían los genios pero nunca emitimos nuestra opinión. Algunos de esos genios conservaron diarios que hoy en día nos ayudaron a comprender su pensamiento. Pero genio o no, el diario es la única forma en que quizá alguien pueda saber algo de nosotros. Por otro lado también creo que la única forma de encontrar la genialidad es buscandola, no tanto por la "genialidad" misma, sino porque eso conlleva decir algo que nadie había dicho, ver algo que no se había visto y en suma mover las cadenas de la humanidad diez yardas adelante.
En algunos años en el futuro verán publicaciones mías, su alcance e importancia no depende de mi, pero si algún curioso quisiera saber ¿en qué estaba pensando al escribirlas? entonces podría acudir a este lugar para saciar su inquietud. Más aún si esas publicaciones nunca se llegaran a concretar y yo decidiese abandonar la filosofía o algo me impidiese continuar con ello de todas formas permanecerían estos diarios que solamente se podrían encontrar por azar pero cuyo valor pequeño o grande no depende por completo de las obras.
Sí, estos son mis journals and papers, mi cuaderno azul y marrón, y mi caligrafía disléxica, como ya he señalado alguna vez, el filósofo debe tener la humildad de reconocerse pequeño, pero a su vez la humildad implica ser honesto consigo mismo y con los demás. Este diario es mi forma de ser honesto, de decir lo que soy, la esperanza de que algún día, alguien llegue para saber quien soy, pero mejor que eso, para saber que pienso de algunas cosas, no por el hecho de que "yo" lo piense, sino porque al igual que un poeta que ha estudiado muchos años o un artista que ha pintado mucho tiempo, por más mediocre que sea su trabajo, aún así el poeta tendrá al menos un verso bueno y el artista al menos un buen lienso, y en este caso yo solamente soy un filósofo que ha pensado muchos años, quizá valga la pena rescatar de mi al menos un pensamiento.

domingo, abril 15, 2007

La poesia y el silencio, mas alla de todo lo decible

Mi padre suele decir algo: "si algo permanece es la poesía". No solamente se refiere a que es el género literario más antiguo y al cual todo escritor o pensador debe referirse continuamente (pensar por ejemplo Homero para occidente) sino que también es el único que podemos encontrar en todas las civilizaciones de todos los tiempos, al menos eso fue lo que escuche en una entrevista a Octavio Paz justamente hoy.
Me gusta molestar al crítico literario y filósofo Oscar Charpenel diciéndole que la literatura es una perdida de tiempo, que si no nos podemos dar abasto con la realidad que intenta desentrañar la filosofía mucho menos deberíamos dedicar nuestro tiempo a la ficción. Claro que si hablo tan mal de la literatura no es porque realmente piense eso, sino que por un lado me gusta molestar a Oscar y por otro tengo un complejo de "mal lector de literatura" y como forma compensatoria, en vez de obligarme a leer más y culparme, culpo a la literatura diciendo que no vale la pena y que solamente leo filosofía. La verdad es que creo que ni soy tan mal lector de literatura y últimamente tengo menos derecho a hacer mi crítica "anti-ficciones" por trabajar a filósofos tan "literarios" como Platón o Kierkegaard (gracias por notarlo Memo Iñigo), quienes ven un valor dialéctico y existencial respectivamente en la metáfora y la ficción. A lo mejor si trabajara a Kant o un analítico en conceptos abstractísimos, quizá y solamente quizá podría atreverme a hacer el comentario, pero por otro lado si algo hace muy graciosa una crítica en broma es no tener ninguna autoridad para hacerla.
En fin, todo aquello fue por propósitos humorísticos y es que Oscar y muchos otros amantes de la literatura se ponen muy colorados cuando les dices que hacen "puras ficciones" pero nadie puede negar el valor estético y vivencial de la prosa literaria. Todo esto venía a cuento de que cuando hacía mi crítica contra la literatura Oscar me decía: "¿y la poesía?: ¡la poesía también es literatura! y esa a ti te gusta", y yo de broma le respondía: ¡no! ¡la poesía no es literatura es algo más! Ahora que lo pienso, quizá no es tan broma, quizá la poesía sí es algo más que la prosa y la filosofía en el sentido de que puede decir más cosas, precisamente porque es tan perenne, muchos filósofos y prosistas están de acuerdo en que la poesía dice algo que nadie más puede revelar.
Creo que lo que está más allá del tractatus de Wittgenstein, lo que está más allá del final de las novelas, y justo lo que antecede el silencio religioso y la mística es la poesía.
No tengo muchos argumentos para probar esto, simplemente puedo abogar a quienes se han topado con la experiencia estética del último verso de un poema o la invitación a que se acerquen a la poesía todos aquellos que no tienen una familiaridad con ella.
Me llama mucho la atención el principio de la alternativa de Kierkegaard empieza con una pregunta, ¿qué es un poeta?, esta duda será la directriz de uno de los mejores tratados ético-antropológicos de la historia y que va tejiéndose a través del sentido estético de la vida, no solamente porque el esteta ve su vida en términos trágicos sino también porque además de pretender responder a la duda de lo que debemos hacer, todo el trabajo de Kierkegaard también pretende responder a la duda: ¿qué podemos comunicar? y por eso utiliza pseudónimos. (Así es, fans de Heidegger esto también se lo fusiló).
No puedo dejar de citar el comienzo de la alternativa:

Sören Kierkegaard
La Alternativa/ O esto o lo otro
"¿Qué es un poeta? Es un hombre desgraciado que oculta profundas penas en su corazón, pero cuyos labios están hechos de tal suerte que los gemidos y los gritos, al exhalarse, suenan como una hermosa música. Al poeta le acontece como a los pobres infelices que eran quemados a fuego lento en el interior del toro de Falaris, esto es, que sus gritos no llegaban a los oídos del tirano causándole espanto, sino que le sonaban como la más suave música. Y, sin embargo, los hombres se arremolinan en torno al poeta y le ruegan: "¡Canta, canta otra vez!" Que es como si le dijeran:"¡Ojala que nuevos sufrimientos desazonen tu alma! ¡Ojala que tus labios sigan siendo los de antes! Porque los gritos nos amedrentarían, pero la música es lisonjera."

Aunque este comienzo es el principio de su obra estética, la poesía pareciera volver a todo lo largo de su tratamiento religioso e incluso ético. Así mismo le pasa a San Juan de la Cruz quien utiliza la poesía para expresar lo inexpresable, copio un fragmento de una sus más celebres creaciones:

San Juan de la Cruz
La noche oscura del alma: Canciones de el alma que se goza de aver llegado al alto estado de la perfectión, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual (fragmento)

"En la noche dichosa
en secreto que naide me veýa,
ni yo mirava cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el coraçón ardía.

Aquésta me guiava
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperava
quien yo bien me savía
en parte donde naide parecía.

¡O noche, que guiaste!
¡O noche amable más que la alborada!
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!"

Solamente en el silencio se logra la contemplación, lo mismo sabe el budista acerca de la iluminación que el carmelita místico, sin embargo solamente el poema en romance o haiku puede expresar como límite lo inexpresable.
Digamos que la poesía es el límite del silencio, es lo que está entre el lenguaje de la naturaleza ignoto para los hombres y del cual solamente podemos tener conocimiento a través de una burda imitación de sus sonidos y nuestro propio lenguaje que es tan bullicioso y barbárico incluso para nosotros mismos. Finalmente puedo decir que hay mucha gente que piensa que lo inexpresable solamente se puede comunicar musicalmente, entre ellos el mismo Kierkegaard, pero también Nietzsche. Cuando Kierkegaard dice esto se refiere al sentido estético de la inmediatez, pero ¿acaso la poesía no logra en ocasiones este mismo fenómeno?, en muchas cosas: ¿no es lo mismo poesía y música? Entre la música y la poesía es como tratar el tema de cual es el infinito más grande y a esto no es posible tener respuesta, pero hay algo que sí podemos decir y es que existencosas que se pueden decir de muchas formas, pero hay otras que solamente se pueden decir con poesía y lo que está más allá de eso no puede ser otro sino el silencio, la totalidad.

DECIR, HACER
Octavio Paz

A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

miércoles, abril 11, 2007

Qué es la felicidad y cómo obtenerla (en términos analíticos)

Introducción. El tema de la felicidad es acaso uno de los más difíciles porque siendo que nadie la rechazaría, todos la buscamos y por ello todos tenemos una opinión de ella. (Celebre comienzo de la Ética Nicomaquea). Para tratar este delicado tema, me gustaría hacerlo de la forma más analítica posible para evitar cualquier tipo de inconsistencias.


Definición. Llamaremos felicidad: aquello que satisface por completo a la voluntad, y por voluntad entenderemos: cualquier cosa que un sujeto quiera o desee.
El problema con la voluntad es que los hombres podemos desear todo cuanto podamos imaginar, aún cosas inexistentes, y estamos tan habituados a imaginar y desear que nuestra voluntad nunca se satisface y por tanto nunca somos felices.
Hay muchas posturas acerca de la felicidad, tanto así que toda doctrina filosófica, religiosa o psicológica tiene que responder de algún modo a este problema, comenzando incluso por si se puede siquiera alcanzar a la felicidad. Abarcar todas las teorías sería imposible, pero al menos podemos hacer una reducción metodológica basado en posibilidades lógicas (continuando con nuestra argumentación analítica).

Proposición 1. Si estamos tan habituados a querer cosas y deseamos tantas cosas que nunca nos satisfacemos, la primera respuesta que podríamos dar para alcanzar la felicidad es: desear menos cosas. Entre menos se desea más fácil es satisfacer la voluntad, y si pudiéramos llegar al punto de no desear nada en absoluto seríamos felices pues no tendríamos que satisfacer nada. Esta postura fue propuesta por el budismo, el estoicismo y autores modernos como Shopenhauer.
El budismo propone que una vez que dejamos de desear en lo absoluto somos completamente libres pues no estamos presos de nuestra voluntad, y de ese modo se alcanza la iluminación.
Ahora bien, no hace falta ser budista, estoico o shopenhaueriano para darse cuenta que deseamos demasiado, sin importar nuestras creencias religiosas o filosóficas podemos cuestionarnos acerca de lo que deseamos y desearlo menos. El problema es que las sociedades modernas y las redes simbólicas no quieren que tu dejes de desear, pues la base de nuestro mundo es la figura del consumidor, y el consumidor es por definición un sujeto eternamente deseante e insatisfecho. Sonara extremo, pero cada vez que ves un anuncio publicitario diciéndote que "necesitas" algo es una invitación a que seas infeliz. Lo mismo podemos decir de nuestra propia "psyche" cuando simbólicamente nos pide que obtengamos algo siendo que probablemente no lo necesitamos en lo absoluto. Buscar necesitar menos cosas implica cuestionar tanto nuestro entorno exterior como nuestra propia mentalidad interior. Esta postura implica reconocer lo que realmente necesitamos, pues aún si pudiéramos evitar todo deseo, de todas maneras tenemos necesidades ineludibles como comer o dormir, lo ideal sería encontrar que necesitamos realmente y que no.
Si alguien pudiera hacer esto, sin duda sería mucho más feliz que la gente que no lo lograra pues de acuerdo a nuestra definición de felicidad: "lo que satisface cabalmente la voluntad", estaría más cercano a satisfacer su voluntad con pocas necesidades que la gente que tiene muchas necesidades.
Sin embargo esta postura supone que uno puede de algún modo "escoger" lo que podemos desear o no, que no hay nada más allá de nuestra propia voluntad. Podría ser incluso que hubiera cosas a las que estamos obligados a desear y querer y que no podríamos escoger o no desearlas. Esto indicaría que hay algo en nosotros que deseamos y que debemos buscar. Me refiero sobre todo a aquello que amamos y no podríamos dejarlo, nuestras pasiones auténticas de la vida, como algunos que aman su trabajo, otros que aman alguna arte, para otros su pasión en la vida es su familia, o alguna persona. Que si les pidiéramos que dejaran de amar aquello que aman, no podrían hacerlo pues no podrían dejar esa pasión.

Proposición 2. Entonces postularíamos una segunda idea para alcanzar la felicidad: Si la felicidad es satisfacer cabalmente la voluntad, entonces debemos buscar lo correcto, justo aquello que nos haría satisfacerla. Esta es la postura de las religiones monoteístas por ejemplo. Sin embargo debemos comprender bien la propuesta pues vulgarmente un cristiano diría: lo que satisface la voluntad es Dios, pero no en esta vida sino en la otra. Bueno para términos analíticos esta explicación no nos sirve de mucho pues buscamos algo aquí y ahora, y salvo unos santos, muy poca gente siente un éxtasis absoluto al estar en una iglesia rezando, por lo que esta respuesta me parece muy simplista. Tampoco me parecería correcto para términos de esta explicación decir que "Dios" es lo que satisface cabalmente la voluntad, si existe es posible que lo sea, pero si no podemos decir qué es Dios o como encontrarlo entonces para nuestra argumentación analítica no nos sirve esta respuesta por ahora. De cualquier modo en términos cristianos lo mejor podríamos decir es que "aquello que satisface la voluntad" es la "vocación" lo que Dios pide de ti y realizarlo -en última instancia la vocación del cristiano es Dios pero esto es irrelevante para esta discusión-, sin embargo un ateo también podría creer en la vocación que no sería otra cosa sino aquello que lo hace feliz realmente.
Lo que sí podemos decir es que en los individuos podemos encontrar cosas que los satisfacen mejor que otras cosas, sobre todo aquello que es más auténtico a cada individuo. Si podemos eliminar todo aquello de lo que podemos prescindir y podemos encontrar aquello que deseamos realmente y lo obtenemos entonces estaríamos satisfaciendo cabalmente la voluntad y por tanto siendo felices. Siempre podemos encontrar algo que nos haga más feliz que otras cosas, pero en cada persona esto es distinto, para alguien tener una familia o casarse con una cierta persona podría ser la felicidad y para otra persona no. No se puede hacer una reducción y decir que una cosa en concreto hace la felicidad, pues cada persona es distinta y desea distintas cosas, sin embargo todas las personas pueden encontrar su auténtico deseo y discriminar lo que no desean en verdad.

Conclusión. Se podría pensar que la postura 1 y la postura 2 son contradictorias, por que la 1 propone: "no desear" y la 2 propone: "desear lo correcto", en realidad no se contradicen sino más aún se complementan. Si uno empieza con la postura 1: "no desear" eventualmente se encontrará que hay cosas que no puede no desear como comer o dormir o incluso algo que desea fervientemente en su interior después de haberse deshecho de muchas necesidades impuestas, es decir podría encontrar un deseo radical. Si uno empieza con la postura 2: "desear lo correcto" eventualmente reduce lo que no necesita y terminas por no desear muchas cosas.
Al final budismo y cristianismo llegan al mismo lugar desde las direcciones contrarias, e insisto no hace falta tener alguna de estas religiones para "no desear" o "desear lo correcto" aunque tener algún conocimiento en sus propuestas ayuda pues se basan en la experiencia de personas que han buscado la felicidad antes que nosotros.
Así pues cualquier persona que diga: "yo te voy a decir como ser feliz" miente, pues si la voluntad es algo personal nadie puede decirle a otra persona, que es lo que la hace feliz. Sin embargo tenemos algunas ideas o normas generales aplicables para todos:
Si la felicidad es satisfacer totalmente la voluntad, entonces se puede sugerir:
1. "no desear lo que no se necesita".
2. "desear lo que en verdad queremos".
Para cumplir con estas proposiciones hace falta crítica, reflexión y autoanálisis. Pensar en que lo que ofrece la sociedad no es siempre lo que necesitamos, pensar en que muchas cosas que deseamos realmente no las necesitamos tampoco y pensar que en muchas ocasiones no deseamos o renunciamos a aquello que más queremos. Podemos acudir a la experiencia general y saber que hay muchas cosas que ningún hombre quiere y que nadie necesita, por ejemplo alguna adicción, o nadie necesita o quiere realmente el sufrimiento propio o ajeno. Incluso podemos argumentar que algunos bienes realmente son prescindibles como las riquezas, los honores, la gloria, etc. (Al respecto consultar la literatura budista, los consejos estóicos de Cicerón o Séneca o la consolación de la filosofía de Boecio, los ejemplos de las artes; literatura, poesía, cine por sólo citar algunas obras entre muchas que suguieren cosas que no necesita ningún hombre).
Esto implica conocimiento, búsqueda interior y una meditación prolongada que siempre puede mejorar y que puede tomarnos toda la vida. No porque "nunca podamos alcanzar la felicidad", sino que siempre partimos de alguna felicidad, de algún modo cotidianamente satisfacemos nuestra voluntad a veces más y a veces menos, pero siempre podemos ser más felices. (Esto me parece muy similar a la idea de verdad de Popper). Después de todo, la idea del cuestionamiento interior de la psicología y la propuesta primaria de la filosofía: "conócete a ti mismo" apuntan precisamente al mismo método que estamos señalando.
Estas recomendaciones aunque son ajenas a la religión, es decir: un ateo podría bien seguirlas, sí tienen una inspiración religiosa y no hay ningún conflicto en ello. Un ateo podría seguirlas sin comprometer su no creencia en Dios, un budista también podría seguirla ambas sin comprometer su creencia en la iluminación y un cristiano podría seguirlas tan sólo llamándole "vocación" a la proposición 2.

jueves, abril 05, 2007

El fin de la postmodernidad

El único pecado de la existencia postmoderna es la inconsciencia. Nada nos resulta más gracioso que observar a un individuo inconsciente de su propia situación. De allí la enorme proliferación de reality shows donde el protagonista es engañado, desde la ya antigua "candid camera", pasando por los videos caseros graciosos, los de coches remozados, etc.
Uno puede ser estúpido, ingenuo, incluso moralmente cuestionado pero que a uno no lo encuentren siendo "inconsciente". Estamos acostumbrados a que la realidad y la simulación se confundan, reímos del gatito que persigue el láser, y nos causa particular simpatía cuando alguien se sobresalta por que la computadora lo asusto. De allí que nuestra actitud conforme a las experiencias de la vida se va volviendo cada vez más y más indiferente: ¿son plantas de verdad o de mentiras? Sinceramente da lo mismo e incluso usar la formula: "de verdad" ha entrado en desuso en los últimos años causando incluso hilaridad (recordar los comerciales de los juguetes Nenuco).
Nos hemos vuelto unos apáticos epistemológicos, es decir las impresiones del mundo ya no nos sorprenden, la televisión, las películas, los libros, las personas son una repetición incesante de algo que hemos visto miles de veces hasta el punto que nuestra propia vida se vuelve igualmente indiferente.
Somos un chico o una chica, un estudiante o un profesionista que hace lo mismo que hacen los casos de ficción que hemos visto tantas veces en las series de la teli (sic).
Estamos acostumbrados a que lo real sea simulado y viceversa por lo que lo único nuevo que podemos esperar del mundo es bostezar más.
Herencia del psicoanálisis, se espera que un hombre de nuestro tiempo tenga asimilado su propio pasado, la historia universal, y la cultura, que nunca podamos encontrarlo "sorprendido". En esto se nos va la vida asimilando simulaciones y siendo indiferentes a nuestra propia existencia. El fin de la capacidad de asombro es el fin de la filosofía misma y por tanto, eventualmente, también el fin del conocimiento.
Curiosamente este mundo aséptico, minimalista e implotado nos brinda una nueva oportunidad, no por el lado de una nueva empresa racional que ha quedado agotada por todos los intentos metodológicos de la modernidad y la postmodernidad.
Sino que el sujeto, a pesar de su propio descrédito ha quedado libre de muchos contenidos simbólicos. Pensemos en un sujeto postmoderno, consciente de que gran parte de la realidad humana esta formada por símbolos impuestos por un orden social (las instituciones, la familia, el deber ser, la patria, etc.), a pesar de ello este individuo sigue teniendo una necesidad de realización, de ser feliz (aunque la felicidad sea otro constructo social) tal como lo han deseado todos los individuos de la historia, más aún, si no se me acepta el uso de la palabra "felicidad" por su enorme contenido simbólico, al menos podemos decir que el sujeto tiene pasiones, impulsos y deseos instintivos; fuera de que estos sean conceptos, debemos decir que aún un ser libre completamente de toda red social, al menos biológicamente también tendría pasiones.
El sujeto postmoderno se enfrenta ante su propio deseo de forma consciente, igualmente consciente de que estos deseos son muchas veces insatisfacibles por lo que ordinariamente se refugiará en la alienación del consumismo y del sistema de redes sociales de la cual el se cree libre. (Como en Matrix, uno de los rebeldes "Cypher", quien traiciona a Morpheus pactando con las maquinas para volver a la Matrix y vivir en una vida de lujos, a pesar de que sabe que esa vida es falsa).
Sin embargo ese deseo de auto-realización, aún después de comprar artículos de infomerciales, alienarse en centros comerciales, hacer psicoanálisis, seguir programas de ayuda personal, cambiar de religión, estudiar filosofía, etc. Todas estas propuestas para alcanzar la "felicidad" no son otra cosa sino remanentes del modernismo, intentos vanos de alcanzar el progreso a través de la razón. Justamente esa confianza ciega en la razón es lo que nos ha traído a este momento de la historia y pretendemos salir del agujero cavando más profundo.
Si sabemos que la razón nos ha metido en su propia trampa, ¿porqué seguir dándole vueltas a la rueda del hámster cuando estamos agotados de correr en círculos?
Si algo podemos ver en la juventud de nuestro tiempo, es ese continuo intento de vivir intensamente, de forma apasionada. (Ellos aún no están del todo incorporados al sistema apático social). Sin embargo esta rendición ante la pasión nos lleva a una especie de "anorexia existencial", donde cotidianamente nos negamos el disfrute pasional de la vida ya que no podemos ser "inconscientes", "irracionales", o "sorprendidos" ante la red apática de la sociedad. Pero en cuanto estamos libres de esa tensión nos entregamos desenfrenadamente a la pasión, sin satisfacer nuestro desgarramiento existencial sino haciéndolo más grande y alejando la satisfacción de nosotros.
Si algo enseña la postmodernidad es que la razón no debe ser el único camino, entonces ¿por qué empecinarse con él? Tampoco se trata de proponer una sociedad dionisiaca pues esto desembocaría en la destrucción de los individuos.
Sino más bien de aceptar a las pasiones (la imaginativa lacaniana) como una nueva forma de aprehender el mundo y no solamente de desahogarse de él. Esto es ver al individuo como una mediación entre sus pasiones y su razón y no como un ser que intenta ocultar su pasión a toda costa. Si las pasiones de los guardianes de Auschwitz o de los votantes alemanes, hubieran estado abiertas a la empatía y al humanismo quizá dicha atrocidad jamás hubiera sucedido. Es una caricatura de la razón comprender a las pasiones como puro desenfreno, es justo así como la modernidad las entiende, siendo que también incluyen en ella la compasión, el cariño, la empatía, la generosidad, etc.
No se trata tampoco de un sentimentalismo, la modernidad nos ha vacunado contra eso, y si hay algo que penamos de manera muy rigurosa es lo kitsch. Se trata de que asumamos las pasiones como una forma recuperada de ver el mundo junto con la razón de forma simultanea: desear lo racional y pensar nuestros deseos. De allí que algunos anticipen el regreso del "romanticismo", sin embargo no sé cómo o cuándo podría generarse dicho retorno.
La modernidad nos ha enseñado que podemos criticarlo todo, incluso criticar la crítica, y criticar la crítica de la crítica, pero esto eventualmente nos conduce al nihilismo: al final nada queda en nuestras manos. Sin embargo en ese absoluto nihilismo no podemos negar que en nosotros permanece un "sobrante existencial", algo que a pesar de que hayamos desconfiado por completo del mundo, nos hace desear y querer algunas cosas todavía, a pesar de tanta crítica.
Sin tantos imaginarios simbólicos, nuestra era podría conocer por primera vez en la historia occidental el advenimiento de una sociedad que se relaciona auténticamente consigo misma, sin ideales ilustrados, sin meta-narrativas, sino buscando lo que auténticamente busca su interior. Si podemos aceptar nuestras pasiones y encaminarlas hacía algo racional, es posible que lleguemos a un nuevo humanismo.