martes, febrero 27, 2007

El mundo es un campo cubierto de flores

El mundo es un campo cubierto de flores, ¡mira cuantas hay y que diversas son!, todos los aromas, todas las fragancias, todas las especies.
Unas pequeñitas y otras un poco más robustas, de cuantos colores, miralas brillantes y opacas, miralas de diversas formas, de hojas anchas y delgadas, de alturas variadas, de petalos que miran hacía el sol o hacía el suelo, cada una meciendose al ritmo del viento en una distinta revolución. Unas son alegres y saltarinas, otras nostalgicas y taciturnas, otras con una melancolía alegre y algunas más escurridizas. Generalmente se agrupan en número, como si fuesen compactos nucleos de armonía en los que les gusta hacerse mutua compañia. Algunas otras andan solas, les gusta tener un espacio amplio a su alrededor y por lo mismo resultan extrañamente interesantes. ¿Qué nos queda hacer a los hombres sino solamente sumar belleza y más belleza a nuestro interior? ¡Ay! Si pudiera escoger una sola flor. Para el principito fue fácil la elección, solamente tenía una en su planeta. Pero en mi planeta existen tantas ¿cómo se puede escoger tan sólo una? Se podría dar un respuesta sencilla: escoga usted la más bella. Pero ¿cuál es la más bella?, ¿con que criterio? Pues alguna tendrá los pétalos más relucientes, alguna otra tendrá los tallos más suaves y alguna otra tendrá la fragancia más exquisita. Rarisimo sería encontrar una sola flor que posea todas estas cualidades, y también sería muy penoso, pues todos quisieran conservarla. ¿Cómo además arrancar las flores del campo? En cuanto uno toma alguna con sus manos, en ese instante comienzan a marchitarse, frente a nuestros ojos y por causa nuestra. ¿No sería mejor dejarlas reposar eternamente?, y ¿con qué criterio nos moveremos alrededor del mundo? Algunos lugares del mundo están colmados de margaritas, otros de rosas, otros lugares se forman por flores silvestres, y también hay algunos pasajes que poseen una especies completamente singulares. Así por ejemplo, en el oriente hay extrañas orquideas, y en los lugares calidos suaves violetas. A pesar de la variedad, no tenemos ningún criterio en verdad para optar entre algún lugar u otro, más que las tenues insinuaciones que nos brinda nuestra sensibilidad, por cierto atrofiada desde hace mucho por la intensidad de la belleza en el mundo. No tenemos ninguna razón para tomar alguna en vez de otra, salvo lo fortuito de las circunstancias: que esta flor esta frente nuestra y no otra, pero ese no me parece ningún criterio en absoluto, por lo que será mejor dejar nuestros pies y nuestra voluntad al mando de lo sublime y no de la fortuna o de nuestra pobre inteligencia y continuemos nuestro camino hasta que no podamos andar más, en el último lecho de flores en el que alguna vez pondremos la mirada.

4 comentarios:

Guillermo dijo...

Ay, qué angustia.

Pai dijo...

pues yo digo que siempre hay que dejar que la flor lo escoja a uno....se paran frente a uno y le hacen ver desde el fondo de su ser, sin necesidad de indagar entre sus petalos o su color, o tal vez sin necesidad de siquiera olerla, se para frente a ti... (y no por casualidad, esas cosas no existen) y te dice gentilmente que la lleves contigo, hasta que se marchite... asi como entregandose entera en vida y muerte, queriendo ir en tu mano, o tal vez queriendo ser transplantada en una macetita que tendras cerca tuyo..... pero para eso, pa compartir la vida y tambien la muerte.....no?

Pai dijo...

no creo que nosotros tengamos algun derecho de juzgar lo que nos elige o si?
pa que entonces quieres un criterio si se te entrega aquello que quieres criticar....

Miguel Tormentas dijo...

te acuerdas del personaje que inventé, flordilla, que era una flor con cabeza de ardilla?