jueves, agosto 24, 2006

La hora muerta

Se le conoce como la hora muerta.
Es la una de la tarde.
Es muy tarde para comenzar algo, la mañana ha quedado atrás.
Es muy temprano para hacer actividades vespertinas, ir al cine o por un café. ¡Por Dios! Para la mayoría todavía queda por delante la mitad de la jornada de trabajo.
Es una hora de ayuno, estás haciendo hambre voluntaria o involuntariamente, ora esto en lo que esperas en lo que está la comida, ora lo otro en lo que sales del trabajo. Ya tienes hambre y quisieras comer, pero no puedes hacerlo por que te llenarías.
Si uno estaba haciendo alguna cosa a la una de la tarde debe aferrarse a ella, continuar y continuar sin mirar el tiempo hasta que den las dos, por que si te percatas de la hora ¡ya todo esta perdido!
Es una hora como de agonía, te mantienes en expectativa. Ves los minutos ya casi, casi son las dos, pero... ¡pero todavía no!
Creo que además la escuela embarro sus pesadas horas en nuestra entonces frágil psique. Querías que fueran las dos para salir disparado corriendo lejos de las aulas, los maestros y los otros niños que ya te tenían molesto.
Pero había días en que te dejaban salir temprano; eso significaba esperar hasta las dos para que vinieran por ti. En ese tiempo quizá podías jugar con tus compañeros, pero no era lo mismo... No era lo mismo que el recreo, ya habías jugado, era hora de salir y te tenían allí atrapado, y de algún modo pasaba el tiempo pero no eran los deliciosos 50 minutos de recreo cotidiano, sino una masa amorfa de tiempo en la que en cualquier momento podías desaparecer tu o uno de tus amigos.
Esa consciencia de tiempo perdido a la Proust se nos quedó en el cerebro, a la una estamos ansiosos pero no podemos hacer nada, no podemos hacer planes para ese tiempo, esperas a que termine todo, esperas a que sea la una, te aferras a tu silla a donde sea que estés sin mirar más lejos que el frente y en continuar tu labor a la Sísifo, cualquier paso en falso te puede recordar la hora y con ello la espera y el hecho de no poder hacer nada, ni cosas de la mañana, ni de la tarde, ni ir a comer.
Por eso las calles están desiertas a esta hora, nadie quiere salir ¿a donde vas a ir a la una? A donde sea que vayas, allí también será la una, y la gente estará viendo al frente concentrándose mucho, mucho en lo que debe de hacer por que si lo deja de hacer ¡Ay de los ayees!
Miserable aquel que quiere comenzar una labor a esta hora, está condenado a interrumpir su labor en muy poco tiempo. ¡No tiene tiempo! y aunque no coma a las dos sino a las tres o las cuatro ¿quién trabaja a las dos? Para los que comen a las tres o a las cuatro, las dos no es una hora de angustia y agonía (no es como si la una se recorriera para ellos y sus dos de la tarde fueran como su una), por que el resto de la gente que come a las dos ya ha salido del letargo, de la concentración enfermiza y entonces la gente se regodea. Todos contentos, incluso ellos que comen tarde. ¡Ya son las dos! Por eso todos salen a las calles y ¡hay un tráfico tal! toda la gente esta feliz de que sean las dos, y quieran hacer cosas, salir a comer, pasear, escaparse del trabajo, salir de la escuela, y tanto, tantísimo que se puede hacer después de la una, todas las privaciones de la hora muerta han cesado. ¡A partir de aquí sólo nos queda la tarde!
Para todos aquellos que tenemos que soportar la una de la tarde, les recuerdo que no estamos lejos de las dos, que debemos esforzarnos en nulificar nuestra consciencia por completo como estoico, como budista, como héroe existencial, absortos en cualquier ingenio salvo en mirar el reloj. ¡A esta hora todo es insoportable para los ociosos! La televisión es peor que la de la madrugada, la radio es enfermiza, el periódico ya huele a viejo, los libros pierden su color.
Escapemos de la una de la tarde y de su terrible hastió, pensando que sólo hay un tiempo peor que esto, de lo cual ni los más osados podrían siquiera hablar y por lo cual las calles se vacían como si se tratara de la pascua judía y estuviera por venir el ángel exterminador y de lo cual yo mencionare de manera sucinta de una buena vez y para nunca mencionarlo más: los domingos por la noche.

2 comentarios:

Filosofo de la torre de marfil dijo...

1:11 (ciento un dichi). Tenías que escribir esto precisamente a la una. Interesante, complejo y atrevido, no lo niego, pero los domingos en la noche, la mitad del año, hay fútbol americano. Arriba los vikingos.

www.la-torre-de-marfil.blogspot.com
www.mundoutopia.com

Coppelia dijo...

Pues sí. Casi siempre como a las 2 en punto. Como con una amiga que trabaja cerca de mi oficina, pero en otro lado. Antes, cuando las dos podíamos tener messenger, a la una de la tarde empezábamos: "ya sólo falta una hora" "faltan 35 minutos" "26 min". No decíamos otra cosa, sólo contábamos minutos. Tan horrendo que resulta maravilloso por sí mismo...