viernes, agosto 18, 2006

Capitulo Tercero

La ausencia puede tener los más disímiles e inesperados efectos en los amantes. Consiste quizá en nuestra única arma en contra de los inevitables embates del amor, pero para dejar claro esta idea debo elaborar un poco.
Suele considerarse al enamoramiento como la primera de las etapas en el romance. Caracterizado por una actitud somnolienta, estar enamorado no es otra cosa sino mirar al amado a través de un filtro mágico que lo convierte con la rapidez de un parpadeo en la creatura más sublime de la creación. Los amantes experimentados reconocen sus efectos con rapidez logrando burlar sus claros síntomas de torpeza y distanciamiento del mundo, no con un éxito absoluto por supuesto pero que al menos les permite esconder su lamentable estado. Con la práctica suficiente pueden reconocer los más sutiles e imperceptibles síntomas en su contraparte, para tomarlos como un brote que apenas retoña y cultivar ese sentimiento hasta convertirlo en un poderoso prado que hunde sus raíces tenaz y profundamente en el corazón incauto de un cuerpo amante esclavo de su amado.
¿Cuál es el alimento de esta flora? ¿con qué se nutre el corazón de la enamorada? Alguien podría aterrarse ante la idea de que un amante, un seductor experimentado conozca las vías secretas para llegar al corazón de todas las mujeres en la tierra. Si bien estos seductores saben cuidar bien el camino no pueden transitarlo a menos de que ella les abra la puerta. A pesar de la reputación de alta efectividad que tienen estos profesionales del amor en conquistas, ninguno puede vanagloriarse de acertar siempre, más aún, ellos mismos mencionan que para obtener un triunfo han de tener cientos de fracasos. Razones por las cuales las jovencitas tienen algo de que estar tranquilas y algo de que estar intranquilas. Nadie se adueñará de su corazón a menos de que lo permita, pero cuidado una vez permitido será difícil que un amante capaz de un paso atrás.
La estrategia del amante, será primero hacer que le abran la puerta. Para esto el amante debe hacerse como a la figura del que la amada busca. Hemos de tener en cuenta aquí un problema del mundo. Todos buscamos algo. Si supiéramos que busca cada persona podríamos adueñarnos de su alma. Sobre todo en materia de amores ya que cualquiera estaría dispuesto a dar la vida si alguien le ofreciera el objeto de su deseo capaz de asegurarle la felicidad. La virtud del seductor no es la de ser ese objeto de deseo sino tan sólo aparentarlo.
Una vez que se ha presentado de esta forma y ha sido reconocido por su amada como poseedor de características que puedan empatar con su propia imagen de lo que desea, el amante debe aparecerse y ocultarse sucesivamente, como la sabiduría popular indica: tensar la cuerda cuando este floja y aflojarla cuando tensa, manteniendo a la amada en un estado de constante expectativa, mejor dicho de constante anhelo, el amante debe permanecer con la justa presencia para no ser olvidado, y con la justa ausencia para ser extrañado.
Así como se suele decir que los hombres somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio, del mismo modo opera con nuestra propia presencia. Al presentarnos estamos objetivándonos, mostrando lo que somos pero más dramático que esto mostrando lo que no somos, en cambio al ocultarnos al estar ajenos la única presencia es una imagen y la mente ociosa de la amada. En una carta, en una imagen estamos presentes, pero al modo en que ella quiera imaginarnos, no del modo en que somos, y siendo que los hombres siempre buscamos en nuestro pensamiento lo mejor, solemos confundir nuestro pensamiento con la imagen, solemos elaborar con mucha frecuencia la felicidad de unos cuantos indicios que nos muestran otras personas. ¿cuántas veces ha imaginado la vida entera junto a alguien que vemos en la calle, con un personaje público que nos parece atractivo, con alguien que hemos conocido apenas hace unos minutos? Ordinariamente esos pensamientos son tan comunes, como breve es su duración pues rápidamente una u otra cosa nos hace darnos cuenta que aquella persona no es lo que buscamos en el interior. Pero si pudiéramos dejar tan solo una imagen sugerente y afín al deseo de una persona y pudiéramos mantener nuestra ausencia entonces sin duda lograríamos seducirla.
Así funciona el enamoramiento, es como dejar unas pistas, apenas unas huellas que le indiquen a la otra persona la conclusión a la que quisiera llegar, que aquella persona es lo que ha buscado toda su vida. Los seductores conocen y emplean estas técnicas, la mayoría no por que hayan meditado acerca de estos temas sino que lo han averiguado acerca de la experimentación, haciendo ensayo y error.
Las personas ordinarias como nosotros, apenas nos contentamos con jugar estos dramas como chiquillos que no saben lo que hacen, a veces encarnamos el papel del seductor y a veces encarnamos el papel del seducido, y aún nosotros que no hemos dedicado nuestros soles a estos vicios conocemos el tremendo poder de la ausencia.
Por ejemplo: un detalle es estar ausente, por que en aquel detalle estaremos presentes sin estarlo, en una carta se observa con potencia también el juego, siendo que nuestras palabras están allí, pero no lo estamos nosotros y tampoco nuestras intenciones dejando al lector solo con nuestro recuerdo.
La ausencia es en efecto el agua con la que se nutren los sentimientos, por que uno no es el que enamora a las demás personas, cada quien se enamora solo. No se enamora en la cita, o en la compañía del amado sino cuando este le deja y en la tranquilidad de la noche el amante recuerda como una película y recorre los instantes uno a uno de cuando estuvo con aquella persona, entonces lo interpreta, lo imagina como quiere imaginarlo, le ve lo bueno, olvida lo malo y va construyendo una persona de aire que solo existe en su mente.
Enamorarse, flotar por las nubes, hacer castillos en el aire, estas figuras gastadas de nuestra cultura pretenden explicar el fenómeno y de todos los movimientos físicos no hay uno que lo explique mejor: suspirar. Esto que no es otra cosa que sacar aire por la boca suele venirnos de pronto cuando recordamos a alguien que no está; las ladrillos del enamoramiento son los suspiros quizá, pero estos no son sino recuerdos de alguien ausente.
Si alguien quiere ser amado debe ausentarse, pero si alguien quiere dejar de amar o de ser amado también debe de ausentarse. ¿Cómo es esto? La ausencia en grandes proporciones lleva inexorablemente al olvido, pero antes de eso se debe pasar por un periodo de mucha añoranza. Por eso es tan difícil dejar de amar a alguien cuando hemos comenzado a hacerlo, por que intentar hacerlo implica no verlo y no oírlo y esto no es sino enfrentarse a la ausencia que es lo que en un principio hizo que se enamorará el amante en primer lugar. ¡Que tan difícil es tomar como remedio el veneno que lo inicio todo! Pero así debe de ser si se quiere dejar de amar, por que los difíciles suspiros eventualmente llevaran a la buena asimilación del amado y este dejará de serlo para convertirse en un recuerdo que con suerte puede ser bueno. De allí que se diga que el tiempo cura las heridas, lo hace efectivamente si confiamos en la ausencia.
Alguien puede reprocharme el caso de aquellas personas que han dejado de estar enamorados y comienzan a verse como en realidad son. Querer es ver las virtudes y amar es ver los defectos suele decirse, y esto en efecto así sucede. El enamoramiento se termina para algunos después de un momento, justamente cuando se conocen mejor y comienza una relación más real, ya no basada en deseos, ausencias, suspiros e imágenes sino en la presencia constante y en el anhelo cotidiano de querer estar con una persona.
Pero debo decir algunas cosas a mi favor. Primero que justo ahora no me he entregado ha tratar este tema sino el de los enamorados y segundo que existe una extraña excepción, una raza especial que decide estar enamorado de por vida. Sin escatimar en el estado de irrealidad y estupidez que puede llevar esta conducta, aquellos enamorados eternos deciden seducirse el uno al otro una y otra vez, apareciendo y desapareciendo, mostrándose y ocultándose sucesivamente. El enamoramiento suele suceder cuando alguien ha llegado a conocer, de algún, modo bastante bien a la otra persona, pero los renegados del amor cotidiano y burgués, deciden crearse y reinventarse miles de veces para que su amante no los pueda asir y objetivar, sino que cada vez que el otro los atrapa estos se escurren como un pez entre las manos para convertirse como un metamorfo en otra cosa.
Uno podrá ser siempre el mismo, pero podemos jugar a cambiar nuestras palabras, y de esta forma los amantes que quieren vivir enamorados pueden cambiarse una y otra vez para ser siempre algo nuevo y distinto. Entre la raza extraña de seres enamorados eternamente están los artistas y entre ellos destacan los escritores. ¡Ay! Corren peligro dos escritores que se han enamorado. ¡Cuantas veces se ocultaran y presentaran! ¡cuantas veces estarán sometidos a sus propios juegos! Ninguno logrará atrapar al otro, y ninguna logrará cambiar lo suficiente para dejar de ser amado. ¿Cómo explicarlo? Como la tierra busca eternamente la otra cara de la luna, si algún día lograra verla le pediría a su querida luna que se buscara otro planeta, pero como nuestra tierra esta destinada a nunca verle el otro rostro entonces vivirá eternamente seducida.
Imaginen lo que hacen los escritores en la ausencia. No tienen más que cartas y memorias viejas para recordarse. ¡No se puede vivir de ausencias! Sin embargo estos insisten, y mientras que para algunos la distancia sola es suficiente para que la ausencia se convierta paulatinamente en olvido, para otros es inevitable seguir amando incluso con más fuerza.
Hace muchos meses que no habló con ella, de vez en cuando nos escribimos alguna carta.

6 comentarios:

¿quien se robo mi queso? dijo...

que bonito escribes, es la priemra vez que visito tu blog y me gusto mucho este post. Me da la impresion de que lo escribiste con la figura de una mujer especial tu pensamientos, fue asi? o simplemente es lo que sientes en genereal respecto a los enamorados. Un abrazo estrujado.

Pato Pascual dijo...

Muchas gracias por la lectura. Me cuesta trabajo creer que varias personas se han tomado el trabajo de seguir la novela. Te agradezco mucho tus palabras queso y agradezco a todos los que estan siguiendo esta historia. Disculpen como siempre las fallas de redacción.

Adela dijo...

Sr Cava:
Tengo que decirle algo, ayer le dije que el capitulo uno me habia gustado mas, pero tengo que confesarle algo: ame el capitulo 3, espero con ansia el capitulo 4.
Le mando muchos besos y abazos. Lo felicito por su libro.

Anónimo dijo...

cuanta miel!!!!!

Muda de Piel dijo...

Me gusta. Cada capitulo que publicas, incrementa más mi curiosidad, continua.

Miguel Tormentas dijo...

siempre sabemos que el novelista retrata unos hechos detrás de los cuales hay sentimientos y teorías y metafísicas y psicologías, pero tú has tomado el difícil camino de proseguir al revés con esta dramatis persona escolástica cuyos gritos existenciales se escuchan a lo lejos través de sus largas cavilaciones

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