jueves, junio 22, 2006

Decepcion a priori: ya no tenemos nada que perder.

La única esperanza de los equipos chicos es la sorpresa. Sólo así Senegal sorprendió en la inauguración de Corea/Japón a Francia, o Grecia pudo ganar la Eurocopa. Ventaja que el equipo mexicano nunca tiene por que para su afición, y por los ecos que esta produce: México siempre es favorito (aunque no tengamos equipo).
Este supuesto valor agregado que tiene la selección de una afición devota, un seguimiento de prensa exhaustivo, y unas esperanzas muy altas generalmente se tornan en su contra. En cada "ole" que entonan los estadios abarrotados de Alemania por mexicanos; los seleccionados lejos de sentir apoyo sienten presión.
Alemania es un equipo tres veces campeón del mundo, con grandes posibilidades de llevarse la copa y al principio de esta justa; los aficionados se sentían renuentes de apoyar a la selección, este era un auténtico temor de Franz Beckembauer y de Jurgen Klisman. (Ese temor se desvaneció desde el primer resultado contra Costa Rica). Al parecer su afición pareciera quedarles chica.
México tiene una afición desbordada sin haber sido campeón del mundo, tanto alarde presiona a nuestra selección y previene a los equipos contrarios. Ante la marejada verde, los equipos de nuestro grupo (Irán, Angola y Portugal) tomaron más reservas contra México que en cualquier otro partido. A nuestro equipo la afición le queda grande. Muy grande.
La desventaja de los equipos grandes es que se confían y se les exige demasiado. La desventaja de los equipos chicos es bueno: que son chicos pero cuentan con la sorpresa. México no es un equipo grande con tremendas figuras pero tiene la expectativa por parte de su afición (e incluso de la opinión internacional o de la FIFA que lo ranquea en el número 4) de un cuadro que ha ganado tres copas del mundo. Nuestro equipo era cabeza de serie y favorito para el primer lugar. No somos los únicos que sobrevalua a la selección. Tenemos lo peor de ambos mundos: somos una equipo pequeño con afición y expectativas de campeón, siendo que no lo somos.
El realismo con el que deberíamos ver a nuestra selección sólo llega con la derrota, generalmente cuando ya estamos eliminados de las justas, cuando vemos que no éramos un país de semifinal, pero en esta ocasión hubo una excepción y la decepción se dio un poco antes. Por primera vez en un mundial no llegamos con las esperanzas más grandes y a tope a octavos, sino como si ya hubiéramos perdido. Esta óptica brilla por el hecho de que el cuadro B de Portugal nos venció y ahora nos enfrentamos a Argentina, francamente más poderosa y con todas sus estrellas.
Si pierde México esta vez no sorprenderá a nadie como sí sorprendió cuando nos ganaron los búlgaros, los alemanes y otras selecciones de las que no me acuerdo; donde nos sentíamos favoritos o al menos que podíamos hacer la lucha. Esta vez ya nos dimos nuestro descalabro emocional y de cierta forma esto es bueno y podría ser una auténtica (y no aparente) ventaja.
Por que sin expectativas, sin ilusiones de grandeza, los jugadores pueden jugar más pensando en el momento y no en los reclamos, como si ya hubieran perdido. Nosotros los aficionados y la prensa veremos a David contra Golliat, y en vez de altas ilusiones esta vez si México gana será una auténtica sorpresa y un milagro. Si alguna vez México tuvo la oportunidad de dar una sorpresa es justo ahora, que la selección no se sienta comprometida, que jugará por el "a ver que pasa", sin nada que perder y no intentando alcanzar nuestras grandes ilusiones, por que lo único que tienen que perder los equipos pequeños es precisamente "nada" y por eso podrán darse el lujo de jugar arriesgando, proponiendo, saltando desde lo inesperado y esta es una condición que México jamás ha tenido siendo un equipo pequeño.
Así que si este texto les da alguna ilusión de que podamos ganarle a Argentina, deséchenlo, eso es lo que nos hace perder, por que tanto sueño, tanta prensa, publicidad, afición, Televisa, Tv-azteca, campañas y bombardeo mediático; lo único que hacen es construir decepciones en base de expectativas inexistentes, obligando a un equipo modesto a hacer un papel en una copa que sólo podría lograr escabulléndose, si no hiciéramos tanto ruido, si no le avisará tanto los adversarios, si no se esperará tanto de ellos. Pero si tenemos tantas ilusiones de ellos, si creemos que son un equipo tan bueno, entonces ni aunque ganaran la copa nos sorprenderían (bueno si sorprendería, es metafórico). Ellos pueden aprovechar esta ventaja, aprovechar la decepción, que para nosotros ya perdieron, que si pierden en octavos no nos vamos a desanimar por que ya perdieron, ya vimos que no somos el cuarto lugar de la FIFA, esto es falso por que insisto: ya perdieron, manténganse calladitos, y todos quedémonos decepcionados por que así ellos no tendrán nada que perder y todo por ganar.

5 comentarios:

bibi dijo...

que buen artículo... estoy de acuerdo contigo... el sabado... a observar...

Saludos!!!

x_centrik dijo...

Bueno...estoy de acuerdo en muchos puntos. Sin embargo, eso no siempre es cierto, hay gente que se crece a la expectativa. No digo que ese sea el caso de nuestra selección pero es importante tenerlo en mente para no generalizarlo a otras situaciones cotidianas.

luris dijo...

No voy a hacer ningún tipo de comentario con respecto al partido del domingo (sí, soy argentina), sólo quiero decir que quería que gane México. Hubiera preferido que jugaramos contra Portugal a jugar contra ustedes, pero Bueh! se dió así. Realmente cre que no hubieran perdido de no ser porque en el segundo tiempo se acobardaron, bajaron los brazos. Quería que ganara México... No pudo ser. El sábado... que gane el mejor, porque como dice el dicho: "los goles no se merecen, se hacen".

luris dijo...

erratas: domingo por sábado

Anónimo dijo...

Guau, X-Centrik, eres una chica muy guapa.