sábado, febrero 11, 2006

Un adios para un amigo


Sin pedirlo o buscarlo llego y así sin más también se va. Nuestra amistad comenzó cuando mi hermana se pudo comprar su propio carro y dejando huérfano el que mis papás le habían legado, fue entonces que pensaron el auto para mi por la imperante necesidad de toda la familia de que fuera espacialmente independiente. Estaban hartos de llevarme y tráeme y ante dichos problemas decidieron heredarme; eso sí como siempre bajo su sana política de que sólo hay que tener lo que se usa. Me dijeron: esto no es un premio, es más bien una responsabilidad y debes asumirla como tal.
Tenía 16, comenzaba la prepa, y era todo un privilegio llegar en carro, aunque también se convirtió en un servicio para mis amigos que necesitaban llegar a sus casas, a sus cines a sus novias y todo tipo de aventones. Me parece que desde entonces el carro comenzó a hacer buenos puntos de Karma y a tener muy buena vibra. Sucede frecuentemente que quien ocupa un asiento se siente extrañamente feliz y tranquilo, y a su vez en un viaje que por las necesidades de la ciudad se convierte en intrépido por lo que el carro se ganó su apelativo de: "la tola" (para los extranjeros dicho chilanguismo significa pistola ósea alguien que es muy hábil). Pero la tola no era yo, era el carro. ¡Y que carro! Como yo lo llamaba un modelo clásico. Después del 96 por un tiempo Nissan dejó de sacar automáticos, el mió lo era y además eléctrico. Una maquina de batalla. Motor que anda con el aire, y nunca me dejó botado, nunca me falló una sola vez en todos sus años de servicio, una maquina auténticamente noble.
Pero me quedaría corto si tan sólo le llamará maquina, la tola y yo fuimos sencillamente amigos. Crecimos juntos y compartimos las mejores aventuras, muchísimas historias y extraordinarios paisajes. Reímos, lloramos, cantamos, compartimos triunfos y derrotas. Fueron siete años de ilusiones, de esperanzas, de magia.
Todo habitante de la ciudad de México sabe que un automóvil no es sólo un automóvil, es tu segundo hogar, hay veces que comes allí, que te entretienes, que estudias para un examen, que te arreglas o te peinas, que duermes, que socializas y muchas otras cosas. Además de todo esto, la tola me acompaño en los momentos mágicos de la vida, cuando te dan ganas de poner la canción de los Wonder Years.

La tola esta rodeada de un aura de historias y de magia. Cada uno de mis amigos puede contar alguna. Contarlas todas requeriría un blog en sí mismo, pero al menos puede recordar un elenco. En la tola filmamos una película de acción, es la historia de un ladrón de bancos y asesino que es redimido al momento de su muerte. En ella fui a conocer a la que fue mi chica durante muchos años, me perdí entonces como me perdí por toda la ciudad, y finalmente llegue a su recóndito pueblo para tener uno de los días más mágicos de mi vida, mi ex por cierto recuerda con mucho cariño el carro. Tiempo después me invitó a Acapulco y me escapé en la tola sin haber conducido en carretera antes, y trayéndome a toda la familia, incluido hermanas, mamá y abuelita. En ella misma fui arrestado por beber en su interior y llevado al ministerio público, y durante un tiempo fue nuestro vehículo de felonías en un tiempo que nadie salvo José Sánchez y yo quisiera recordar. In illo tempore muchas veces me agarró la chota -por tonterías de semáforos, no soy dealer-, y muchas veces la providencia me salvó. Allí alguna vez le di toda la vuelta a la ciudad con ocho pasajeros, y gente en la cajuela para llegar a la fiesta de la hermana de Juan Pablo en Iztapalapa. Pasé por colonias rudas como la doctores, la Morelos y el frente popular francisco villa. Observe un hermoso paisaje en Tlahuac que hasta hoy no puedo olvidar. Se subieron grandes personalidades como la vez que llevé a un Doctor en Física y otro de Filosofía de la Unam a la Up, al igual que contó con la presencia de chicas muy hermosas (jeje hubo de todo güera, morena, castaño), claro que de esas sólo fui novio de una, pero es sabroso recordar quienes pasaron por allí.

Sí fueron grandes momentos, pero de algún modo el carro cada vez representaba un momento que era y que ya no es. Sigue dando batalla como siempre, sin embargo sucede aquello de que si no te decides a venderlo en el momento indicado ya nunca podrás de hacerlo de buen modo, y justo ahora llego su tiempo. Así como llegó a mi, así mismo la tola como si hubiera tenido consciencia propia decidió lo que era mejor para los dos. María -ya referida en este blog como la niña-gelatina- de pronto me preguntó que si tenía y luego que si estaba vendiendo el coche. Sí de hecho buscaba comprador, y me introdujo con un amigo suyo, Amauri, que estaba buscando comprar su primer auto con su sueldo. Le conté de las historias, del nombre y prometió cuidarlo. Hoy vino a probarlo y le encantó. Le pasó su primera historia. En el primer semáforo (uno que quitaron) nos paró un poli, se llevó su tostón. Nos dio risa, fue su primera y como esa vendrán muchas más le dije. Tu seguiras escribiendo sus historias. Él también sintió el karma.

Cuando me subí por primera vez en el Tsuru era un niño, no sabía que haría con mi vida, nunca había besado a una chica, y no me gustaba leer sino sólo estar en la computadora, siete años y setenta mil kilómetros después, algunas de esas cosas han cambiado y otras no. Pero ahora soy un hombre, que se ha marcado un futuro recorriendo un camino que hubiera sido intransitable sin la ayuda de este gran amigo. No soy de los que se encariñan con las cosas, pero en este caso, ese pedazo de sueños con ruedas se ha quedado con una muy buena parte de mi vida.

8 comentarios:

hugo dijo...

jeje, aceptalo, eres de los que mas se encariñan con las cosas!

saludos

susanita dijo...

jajaja nunca te habia visto de barba y bigote. Te queda bien

Sofia dijo...

Ay que chida historia. Hoy precisamente estaba en casa de mi madre (quien tuvo un tsuru plateado por 12 años) y hablabamos de su viejo tsuru y de lo maravillosos q son y de el nuevo que ha salido igual de lindo, tal vez no es el auto pero seguro algo tiene q ver......

oscardo elornel dijo...

La tola de don pollo nos ha conducido a él y a mi en muchas lugares donde hemos pasado buenos momentos, pero no sólo eso, también pasamos divertidos momentos ahí, como cuando fuimos al festejo del examen profesional de una compañera y él, yo y tormentas hicimos un concurso de poesía en voz alta que después devino en un memorable concurso de insultos rapperos. Y de regreso, yo la manejé!

Ah recuerdos....

Yo también le rindo tributo y mis respetos.

oscardo elornel dijo...

La tola de don pollo nos ha conducido a él y a mi en muchas lugares donde hemos pasado buenos momentos, pero no sólo eso, también pasamos divertidos momentos ahí, como cuando fuimos al festejo del examen profesional de una compañera y él, yo y tormentas hicimos un concurso de poesía en voz alta que después devino en un memorable concurso de insultos rapperos. Y de regreso, yo la manejé!

Ah recuerdos....

Yo también le rindo tributo y mis respetos.

Aristóteles dijo...

Amigo. Lo que cuentas forma parte de tu vida. Gracias por compartirlo. Y ¿Bueno? Lo magnífico de tu escrito es que te "llevarás" todo menos el auto.

Saludos amistosos.

Malakatonche dijo...

Sob.

Ximena Cavallazzi dijo...

Aunque no queramos siempre nos encariñamos a las cosas materiales, pero siempre por los recuerdos que nos traen una vez que ya no estan, y ahora que tengas un coche nuevo, sigas siendo responsable y que lo disfrutes en la nueva etapa de tu vida, (...lo tenia que decir como tu hermana mayor...)
Yo tambien comparto algunos recuerdos de cuando tuve ese coche, asi que tambien me depido de el y le deseo muchos kilometros de alegria.
Ximena.