jueves, enero 19, 2006

El Sanchez desterrado: con ocasion del Rally Alejita

Tengo el poco convencional privilegio de ser uno de los únicos nietos de la Abuelita Alejita que no nació ni se crió en Colombia. (Comparto la extraña cualidad con mis primos los Sugra Jimmy, Danny y George). Dicho suceso me llevó a sentirme a veces ajeno a la familia y por supuesto no por convicción sino por que las circunstancias no me permitían entender lo que implicaba ser un Sánchez.
De cualquier modo a veces, incluso a corta edad, tenía ciertas intuiciones, veía en la casa, la casa de todos ustedes aquí en México, extraños objetos de una remitencia distante que hacía ecos con la sangre. De pronto en las bodegas de la editorial me encontraba con unas Marinas pintadas por Julián, en la sala los retratos de bosque tan coloridos y el paisaje de Villa de Leyva de Bernardo y en alguna habitación una imagen de un Quirófano pintado por Eduardo.
De vez en cuando también visitaban tíos y primos que entonces me parecían ajenos, mis padres y mis hermanos se cuidaban mucho de hacer las líneas de relación que yo por aquellos tiempos por mi corta edad me eran tan incomprensibles como es ahora tratar de memorizar todos los nombres de bisnietos.
A su vez las historias de Moniquira me llegaban a cuentagotas, no en los ríos acostumbrados de las reuniones Sánchez donde se cuentan centenares por minuto, sino que yo me enteraba de alguna cada año o dos con una inconsistencia tal que no me permitía saborear el espíritu Sánchez.
Sin embargo algo moraba dentro de mi. Esa afición por lo extraordinario, esa sensibilidad artística, ese gusto por el arte clínico de saber vivir tan propia de los Sánchez de pronto hacía destellos en mi sin comprender su procedencia.
Viejas historias de juergas, de paseos por ríos que sólo conozco en sueños, y un ritmo inusual al hablar de pronto se apoderaba de mis padres y de mis hermanos sin que yo comprendiera la inusual transformación, sintiéndome extranjero a veces en mi propia casa, pero a la vez como si existiera un pasado maravilloso del cual nunca forme parte.
Tuvieron que pasar muchos años para que comprendiera, ni siquiera con las pocas visitas que hice a Bogota ya que las estancias eran muy cortas así como mi edad. Todo empezó a cobrar sentido cuando alguien me habló de lo que era la filosofía, realmente nunca hablé de ello con mi padre a pesar del oficio, pero comprendía exactamente lo que era al menos de una forma vivencial. Así como la filosofía es el arte de pensar y también el de saber vivir, así me habían inculcado mis padres, una vida de alegría familiar, con gastos moderados sólo los indispensables, un cariño por el buen gusto y la sensibilidad artística: la música, la pintura, la poesía.
Sin embargo el análisis sesudo no es una característica muy propia de los Sánchez, eso se lo atribuyo más por el lado de mi padre una familia un poco idealista a veces un poco ilusa pero eso sí siempre muy reflexivos.
Los Sánchez, a diferencia de los Cavallazzi, saben vivir no por que sean muy reflexivos sino por que simplemente se avientan al ruedo y viven. La terquedad es una característica fundamental de la familia, pilar de nuestra capilla, santo de nuestra devoción. Cuando a un Sánchez se le ocurre que será Médico, Filósofo o Artista no hay modo de moverlo de parecer. Sin embargo esa terquedad se combina con esa pasión que se nota en los ojos, negros azabache penetradores como el mismo acero, pero pacíficos, moderados en su forma de andar refinados y cultos, justo como el abuelo Julián.
Algo de eso notaba en la familia, así de callados, así de tranquilos de pronto había arrebatos de fuego y de vez en cuando se ve en un Sánchez una locura que hace retumbar los cimientos de cualquier muro.
Tuvo que pasar un poco más de tiempo, en un lugar un poco más ajeno y más familiar a la vez para que empezará a comprender. En un viaje que hice un par de años a Michoacán, en la sierra en una apartada comunidad me tope con las cimas encumbradas, las mañanas nublosas, y las casitas de teja rojiza y pintadas de una similaridad pasmosa a los paisajes de la añorada Boyacá. Por azares un compañero se llevo cien años, yo por los mismos azares casi premonitorios había esperado muchos años para leerlo y no fue entonces en ese paisaje tan conveniente que lo leí todo de cabo a rabo en tres sentadas. Conforme pasaba las páginas las piezas del rompecabezas comenzaban a acomodarse, no se llamaba Macondo aunque también comenzaba con M, no era Ursula, ni Aureliano, y allí estaba la calle, y acá la casa, y por allá venía su señoría puerto a tomarse el chocolate. Poco a poco esa región costera descrita por el Nóbel de Colombia se iba convirtiendo en Moniquira, y los sucesos narrados no eran productos de ficción sino las historias de Jorgito y los caballos, y de mi papá llegando al pueblo recibido con el saludo afectuoso de un puñetazo, y las tías entonces las niñas Sánchez haciendo la visita con el novio y otras más haciendo la escapada.
Si uno es cuidadoso nota como la historia esta narrada en tiempo perdido, como si uno la supiera de a oídas, como si alguien la hubiera vivido y no uno, justo como a mi me había sucedido. Regrese a casa del viaje transformado y aunque yo no estuve en aquel tiempo y aunque he nacido mexicano, me encuentran hoy aquí, de filósofo como algún Buendía o más bien como todo un Sánchez, emprendiendo ideales quijotescos, esperando algún día vivir de un oficio pero no de un oficio cualquiera sino de arte, haciéndola a veces de librepensador como el abuelo y otras de sacristán pero eso sí, orgullosamente siendo el último de la dinastía de los nietos, el más pequeño llamado con una distinción que quizá no merezco: Alejandro.
Hoy es el Rally Alejita, hoy el milagro de este nuevo año, un año nuevo donde no recordamos una perdida sino el encuentro de la mamá grande con el mundo nos ha fortalecido a cada uno, uniéndonos de formas insospechadas con historias, con fotografías, con proyectos escritos y es que no cabe duda que la abuela ha escogido el corazón de cada uno de nosotros para habitar.
Soy Sánchez hijo de Sánchez Sánchez, uno muy lejano en tiempo y en espacio, uno que vive sin comprender las proezas llevadas por otros con el mismo apellido, pero así esta bien, por que a mi nadie me lo cuenta, sino que voy viviendo día a día de que se trata esto de ser Sánchez.

6 comentarios:

Aristóteles dijo...

Orale... gracias por compartirlo.

Yo amo el arte en cualquiera de sus prensentaciones y empaques.

Pato: no me has contestado ¿Quién es esé filósofo francés del que hablas en "Dominio de la personalidad? Me estoy quebrando la cabeza. Oye ¿te llamas Patricio? ¿Cuál es tu nombre?

Saludos filosóficos.

P.D. Por preguntón.

Pato Pascual dijo...

Hola Aristóteles muchas gracias por tus visitas recurrentes. En el dominio de la personalidad y en general cuando me refiero al filósofo Danes, al genio de Copenhagen, al maestro de la ironía me refiero a Soren Abee Kierkegaard, sólo que lo cito tanto en el blog y en general en mi vida que a veces resulta hasta chocante leer tanto su nombre. Ojalá a ti no te lo parezca.

ipedrofelipe dijo...

Vaya pedazo de escrito Pato, moviste los sentimientos de todos nosotros, y que bueno, lo cierto es que tu elocuencia es infinitamente superior cuando escribes y nos regalas tantas vivencias que no conocemos, no es sencillo encontrar la identidad y marcar el rumbo y me parece que ya lo hiciste, gracias por compartir tus pensamientos, saludos

Aristóteles dijo...

Ok. Gracias.

Mmm... creo que cada quien es como es. ¡Sé valiente! Sé como tu quieras "ser". Je, je,... a veces también yo lo pienso: que chocante soy.

Te saludo con respeto.

idou_picio dijo...

Hoy, sin embargo, dejame seguir
en el silencio del sendero familiar, hasta ese bosque cuyo muriente follaje
dora lo alto de las copas. ¡Vengan, coronen
también mi frente, queridos recuerdos!

Hölderlin, Mi propiedad

idou_picio dijo...

Algo semejante, pero con sus diferencias, me pasó a mí. Yo renegaba de mi familia. No me gustaba, no eran como yo quería que fueran. Mis papás, mis tíos, mis abuelos, no me sentia a gusto con ellos, ni con mis primos. Me sentía extraño cuando estaba con ellos, es como si yo fuera un extranjero.

Resulta conmovedor el relato de tus familiares añorando Colombia. Casi pude ver el brillo de nostalgia empapando las miradas de todos tus familiares cuando recordaban aquel río de infancia, con sus corrientes de historias familiares, casi pude escuchar el tono brillante de sus voces y la vibración de su voz llena de emoción al pronunciar todas esas anécdotas, distantes para tu extranjera infancia.

Me pasó lo mismo con la filosofía, ella fue quién me concilió con mi historia. Mis familiares siguen sinedo intelerables para mi pero ahora los quiero y los escucho. Me siguen quedando distantes, pero ahora me siento formando parte de algo. Eso es mejor que sentirme una rama que huía de su árbol (antes así me consideraba). Y de haí al a palabra, a mi idioma, a México y sus propias istorias y leyendas. Mis pasos nunca transitados por esos lugares desconocidos... En definitiva, a cada uno le llena de entusiasmo narrar su propia historia.

Saludos.