jueves, octubre 06, 2005

El desarrollo dialectico de la majaderia

A pesar de que los críticos más ortodoxos han querido ver de la majadería un concepto lúdico, casi-literario o metafórico, los vanguardistas estudiosos del concepto han querido reiterar que no es de ese modo. Muy por el contrario la majadería es una categoría existencial que se desarrolla en pleno en la realidad.
Para llegar a comprender la majadería en su sentido más pleno debe pasarse por diferentes niveles o estadios al mismo modo que el Aufhebung, la conocida dialéctica utilizada por el idealismo alemán.
Al modo del existencialismo me serviré de un ejemplo para explicar de un modo razonable, didáctico y sencillo esta idea que ha mantenido perplejos a los más agudos pensadores.

El primer momento dialéctico con el que comienza el proceso es llamado coloquialmente: aparición espontanea de la irreflexividad. (irreflexión involuntaria)
El ejemplo es de un hombre, desconocido, familiar, compañero o amigo que en el contexto más habitual y mundano comete la hazaña involuntaria de tropesarse y dar al suelo con singulares y aparatosas volteretas que ocasionarían hasta en el expectador más serio la carcajada más estruendosa que alguna vez haya soltado en vida.
Un niño o una conciencia irreflexiva actuaría en modo automático, soltaría la risa sin más, sin considerar el estado de salud del doliente. Su gozo se vería reflejado en cada uno de los golpes y contusiones sumadas al mal trecho cuerpo del humorista involuntario y rebasaría incluso la acción, pues una vez dispuesto el cuerpo desbaratado en posición de reposo, el espectador inconsciente continuaría con la alaraca perniciosa hasta que su propio estómago fuera la siguiente víctima de dolores.

Por supuesto una actitud así vista en sociedad sería tremendamente reprendible, como quizá algún lector sabio pudo ya experimentar la indignación del segundo momento conocido como: reclamo de la consciencia. (o reflexión involuntaria)
Un sujeto que ha vivido en el mundo moderno no reiría estrepitosamente ante la acción cómica inesperada. Este espectador conoce los dolores de la vergüenza, -quizá por que la ha vivido en carne propia- por lo que evita producirla y aún si tuviera un deseo fortisimo de reir soportaría la pasión en virtud de la pobre alma en el suelo. Intentaría actuar con más caridad que con malicia intentando ayudar solidariamente al sujeto desvalido, revisando su condición y esperando que se encuentre en la mejor de las condiciones. Sin embargo algo permanece truncado en su espíritu, ha logrado racionalizar lo acontecido, se ha dado el advenimiento de la reflexión que ha evitado el penoso mal de una risa burlona, pero... después de todo ¿qué tanto mal puede hacer?
Es entonces cuando su misma razón se vuelve contra sí y una segunda inmediatez se apoderá de él. En realidad aunque el accidente fue aparatoso no tuvo ninguna consecuencia y de tan sólo recordar paso por paso las posiciones poco ortodoxas de un caballero vuelto marioneta la risa emergue desde su estomago como un volcán en efervescencia. Si puede establecer un término medio entre su pasión y la reflexión habrá llegado a la majadería.

El tercer movimiento es la majadería propiamente dicha: la irreflexión voluntaria.
El niño ha quedado atrás, el sujeto irreflexivo que reía tan sólo por un impulso no es el majadero que ahora rie. Del mismo modo la reflexión del hombre maduro, ético de sociedad que no podía emitir un ruido por temor a producir vergüenza se ha convertido en un sujeto que se ha dado cuenta que una acción involuntaria no es causa de vergüenza y que incluso la risa evitada no será un mal sino un bien para el accidentado. El hombre nuevo y majadero rie, rie sin culpa, rie sabiendo que hay por que reir, rie con el caido y no de él y rie aliviando no sólo como valvula de escape para el paciente sino también para si mismo y para su alma.
La majadería vuelve al principio, en efecto ver caer de un modo grotesco a alguien puede ser gracioso y no hay culpa en tener una pasión tan simple, puede regodearse en lo que fue un acto objetivamente gracioso pues de otro modo no provocaría risa y puede conducir su pasión a un estado incluso reflexivo.

Cuando la majadería concluye el proceso dialéctico termina también. Sin embargo queda el goce del recuerdo. (Algún día reiremos de esto): solemos decir cuando algo nos sale mal esperando una redención temporal que tardará mucho en venir, pero la relatividad del tiempo podría suguerirnos que ese día podría ser ese mismo día, ¿qué contra-indicación podría haber de reir sobre nuestros males justo cuando nos suceden a pesar de la eminente adversidad?
Un estado a posteriori se sucede entonces: la reflexión voluntaria. Una vez terminado el proceso dialéctico de la majadería, podemos recordar con gracia el suceso de la caida por ejemplo. Es conveniente no abusar de este recurso pues la pasión no depende de nosotros y en algún momento podemos contar la historia tantas veces que ya no surja efecto. Pero si somos prudentes podremos guardar en nuestro recuerdo y en nuestro corazón para revivir una y otra vez durante muchos muchos años el momento en que aquel sujeto cayo de forma tan sublime que nos hizo hinchar nuestros estómagos hasta el hartazgo.

12 comentarios:

Pato Pascual dijo...

Quiero insistir en el proposito didáctico del ejemplo. Sería un error reducir la majadería a un desarrollo meramente psicológico y exclusivamente humóristico. La majadería puede verse por doquier desde las excentricas declaraciones del Obispo de Aguascalientes sobre el narco hasta los billetes falsos de 500 pesos con la figura de Mauricio Garces.
Por la versatilidad del espíritu majadero, estos sujetos pueden comprender un chiste de bob esponja hasta una referencia oculta cinematografica en un texto de hermenéutica artistica. El majadero convive entre las esferas más altas y bajas de la cultura y puede hacerlas convivir y dialogar.

Anónimo dijo...

perdiste

Pato Pascual dijo...

Pierde. Iazua.

ale dijo...

Jajaja :P Pero enserio traté de comprender cada palabra que escribiste y a veces salía un sentido muy chistoso jaja.
Me vinieron muchas ideas a la mente con tu post, pero la verdad no se que comentar, tengo miedo de comentar algo enserio por que que tal si era broma o tengo miedo de comentar algo en broma y que siempre si fuera enserio... Mejor no digo nada.

Saludos!!

Anónimo dijo...

Ale habla, expresa, siente, comenta! Uno es esclavo de sus palabras de todos modos.
Lord Deimos...me das pena ajena.
PP gracias por el post, fue muy ilustrativo jeje..."día a día acercando la filosofía al resto de la población".

Mr. Cougar dijo...

Señor Pato Pascual. Tenía tiempo sin visitarlo, pues usted se había ausentado.

No obstante, me alegra saber que regresó desde hace tiempo. Saludos.

sergio lozano dijo...

¿qué? yo no quiero ser esclavo de mis palabras, ¿qué puedo hacer contra ellas?
sé que el lenguaje es la casa del ser sin embargo el ser se dice de muchas maneras, y podría haber modos de liberarse, como controlando las propias palabras en vez de proferirlas irreflexivamente
por lo tanto creo que es bueno escribir

sergio lozano dijo...

¿qué? yo no quiero ser esclavo de mis palabras, ¿qué puedo hacer contra ellas?
sé que el lenguaje es la casa del ser sin embargo el ser se dice de muchas maneras, y podría haber modos de liberarse, como controlando las propias palabras en vez de proferirlas irreflexivamente
por lo tanto creo que es bueno escribir

Anónimo dijo...

El reflexionar acerca de lo que se dice no te libera de la esclavitud.
Pienso que el escribir lo único que hace es dejar constancia de lo que uno piensa y eso es terrible porque esas palabras no son olvidadas con el tiempo, perduran para perseguir al autor.

Anónimo dijo...

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La Ch dijo...

Jajajajajajajaja! La risa de la Ch sale de todo su ser! ¿Dónde estás? Acabo de leerte y mira nada más, estoy tan orgullosa de ver que por fin sacaras el Hegeliano que llevabas dentro! Jajajaja! Al menos, para explicar la majadería. Reí mucho. Se ha ido la ansiedad. Para tus comentadores: creo que sí somos esclavos de nuestras palabras y aún más, ellas nos terminarán ahogando! Seguro. La úncia solución: hay que ser majaderos!

Niñita dijo...

Bueno, antes me quejaba de que la gente era mediocre intelectualmente, y mediocre incluso a la hora de escribir. Ahora recuerdo aquello de "que tus palabras sean dulces por si algún día te las tienes que tragar".
Me siento irreprimiblemente mediocre porque no te entendí. Nada. Salvo palabras aisladas, como cuando oyes una canción en francés sin saberlo y crees que tienes la idea por tres o cuatro palabras que rescatas.
Presiento que me voy a enamorar de tí. Solo por fijación intelectual.