jueves, septiembre 08, 2005

Un pequeño error al principio es un gran error al final

Llevo aproximadamente un año y medio practicando artes marciales chinas. Hasta ahora conozco solamente cuatro formas (o katas en japones) y nunca sentí que las hacía del todo correctas hasta que descubrí un pequeño error. Ambos pies deben estar alineados casi hacía el frente, yo dejaba el pie que se coloca en la parte trasera de la guardia con la punta abierta (es decir apuntando hacía el costado y provocando vulnerabilidad en mi linea frontal de defensa). Esto ocasionaba cierta inestabilidad inecesaria tan sólo por mi conchudez de no poner bien el pie. Peor todavía al no ser consciente del error no lo corregí.
Ese pequeño error no distraía mis formas pero no lograba que mi postura fuera exactamente la correcta haciendo que algo se viera mal en todo el desempeño. Hoy fuí capaz de corregir el error y todas mis formas mejoraron significativamente y no sólo eso; sentí que de ser posible al corregir el error podría ejecutar las formas de manera más suave, fluida y enérgica.
El maestro me explico que anteriormente tomaba años aprender una sola forma. Cuando él empezó le tomó cinco años (de los diecisiete a los veintidos años) en aprender el mismo número de formas que yo sé. Las prácticas en aquel entonces, explicaba, consistía en monótonas rutinas de guardias bajas, esto es permanecer muy abajo en posiciones como la del jinete o la del arquero que cualquier practicante de arte marcial conoce. Casí como pule y encera pero más aburrido.
Luis Xavier Lopez, mi profesor de Historia de la filosofía en Hegel y de Estética solía decir que: "primero hay que hacer la tarea antes de salir a jugar". Esto no quiere decir otra cosa que antes de hacer ensayos revolucionarios plenos de referencias oscuras e intuiciones brillantes hay que hacer tablas de verdad, silogismos, la tarea de griego y de latín.
Una vez que se tienen las cimientos del edificio es facil poner los detalles como puertas y ventanas, por supuesto esto es imposible al revés.
Esto me recuerda una anecdota de Pitágoras que prohibía hablar o participar de cualquier modo a sus alumnos durante sus dos primeros años de estudio. Sólo después de haber atendido las clases y oir las preguntas de sus compañeros mayores podrían ganarse ese derecho.
He podido ver tanto en la filosofía como en las artes marciales, alumnos que sin conocer las bases quieren improvisar, por supuesto el resultado siempre es risorio. Siempre es preferible un exponente que no se arriesge tanto pero que sepa bien de lo que esta hablando y para ello hay que hacer cosas aburridas como por ejemplo hacer bien tus posiciones o traducir del griego. Si estas y muchas otras artes (desde las bellas hasta las técnicas, desde la música hasta la medicina) fueran faciles y divertidas cualquier persona sería un genio.
Afortunadamente para todos, el arte es más transpiración que inspiración y toma mucho tiempo pero sobre todo esfuerzo alcanzar la maestria.

2 comentarios:

hugo dijo...

nuestro pequeño filósofo marcial de southfork venido de wisconsin! saludis

Napoleon dijo...

"No puede haber un gran general heroe de gloriosas batallas sin haber sido obedinte raso limpia retretes y pelapapas."

"Para saber mandar, hay que saber obedecer"

Querido amigo Pato (a como se me viene a la mente la canciòn de Natalia Lafurcade), lo que tu describes no es mas que un elemental y natural proceso cognitivo humano que se llama EXPERIENCIA.

"La experiencia es la madre de la ciencia"
Lo que estas haciendo es expeiencia, y esa es la ruta al perfecionamiento de toda actividad y pensamiento humano... EXPERIENCIA
Es una cosa que se debe procurar.