domingo, julio 03, 2005

El filosofo y las compras

Imagine un niño de ocho años y su buena madre que le intenta inculcar los valores del buen vestir. Difícil cuando el niño acostumbrado a utilizar uniforme, no ve ninguna necesidad alguna para usar ropa. Vergonzosamente reconoceré que me gustaba andar en cueros por mi casa -tal como me gusta andar por mi blog- y así logra ponerle las caras rojas a los novios de mis hermanas.
El vestido sirve para protegernos del ambiente, para cubrirnos y también para vernos bien. Hay gente que piensa que el vestido puede ser utilizado también como medio de comunicación, como un mensaje donde publicitamos nuestros deseos o intenciones particularmente con letreritos pero también con ciertos estilos. De ordinario me parece permisible, y sé que de algún modo u otro nos comunicamos con la ropa, con o sin intención y fuera de juicios morales solemos ubicar el tipo de persona que es uno por lo que trae. Salir o no de estereotipos es cuestión personal, pero hay primeras impresiones que no podemos evitar, lo ideal es por supuesto enfocarnos en la persona y no en el vestido sin embargo también es cierto que vestirnos bien puede ayudar a que la gente se acerque a nosotros.
En mi casa siempre se ha pensado que vestir bien no tiene nada que ver con la cuestión monetaria sino con el buen gusto y dedicarse un tiempo para saber elegir, tiempo que para los hombres de la casa siempre ha sido un calvario tortuoso.
Mi madre aficionada de la costura y un buen estilo, la persona más práctica que yo conozco, entró en batalla con el más pequeño de sus hijos rebelde e idealista que solía crear perímetros imaginarios alrededor de las tiendas de ropa o centros de comercio con la intención de que, si se rebasaba la frontera imaginaria sonar una alarma preparatoria en su mente que lo hacía entrar en estado de emergencia DEFCOM One. Si era el caso de que continuara la aproximación a los terribles lugares de aburrimiento ya se estaba preparando una lista de dolencias o inconvenientes con el propósito entorpecer el proceso de compra, siempre con pobres resultados. Precisamente por este motivo aunque siempre me he entendido muy bien con mi madre nuestras diferencias de caracter nunca nos permitieron acercarnos demasiado, durante un buen tiempo escape mucho de su ala y en buena parte por eso hoy me considera mucha gente una persona independiente. El uniforme me ayudo de buen modo a evitar los centros comerciales durante un buen tiempo hasta que entré a la Preparatoria, lugar donde sólo había pants de deporte como requisito obligatorio.
En un intento de habilidad diplomática parlamente un acuerdo tácito que se mantiene hasta nuestros días. Mi madre no tendría que preocuparse por comprarme ropa o ver "que me faltaba" sino cada año, terminando el grado escolar. En esa fecha un día, todo el día, nos dedicaríamos a ver que me hacía falta y conseguirlo: -comprando eso sí, lo imprescindiblemente necesario por que en mi casa se procura una cultura del ahorro muy estricta-. La tregua funciono... Mi madre pudo verme por fin vestido como un muchacho decente y yo tendría que soportar sólo una vez al año la terrible prueba. Por supuesto que las primeras veces, yo un niño uniformado, no tenía la más mínima idea para diferenciar una playera de una camisa así que me sostenía a las decisiones maternas por cierto a veces demasiado comprometedoras. Pero poco a poco, año con año, tuve más autonomía y criterio para hacer mis propias selecciones. Las primeras veces con resultados nefastos.
Siempre he sido un acérrimo crítico de la sociedad de consumo, mis amigos pueden relatar numerables anécdotas sobre mi entercada y casi nula forma de gastar y mi estoicismo a la hora de vestir (por ejemplo una temporada me dio por comprar ropa de los mismos colores para que sin importar mi azarosa forma de tomar las prendas la ropa siempre quedarían combinadas inspirado en los trajes de Einstein -pues el compró muchos del mismo modelo-, técnica que por cierto todavía empleo pero con un poco más de prudencia). Muchas veces he hecho diatribas y discursos que rayan en lo anárquico proponiendo como método comercial el trueque y micro-regiones económicas de autoconsumo. Sin embargo mientras todavía no se vea en el mundo el espíritu de los sesentas tendré que resignarme aunque sea por un día al capitalismo. Como ya he dicho en esta casa no se compra más que lo indispensable, para mi incluso lo indispensable era un lujo que podíamos ahorrar, primero por pereza de comprar después por pseudo-principios políticos estúpidos de secundaria. A mi también me hacía falta ropa para salir a las fiestas e ir a los malls (que tanto odiaba) a impresionar a las chicas, por lo que poco a poco y con la influencia de algunos amigos y amigas aventajadas en los usos de la moda me vi afortunadamente influenciado a hacer mis propias compras que siempre confiaba a la compañía de mi madre y que cada año se renueva en una especie de tradición, un muy buen: quality time. Al final ya hasta me gusto comprar y creo que fue entonces cuando mi mamá y yo empezamos a entedernos mejor, fue un pretexto para ver como operaba su modo de selección y forma de ser y por su parte ella entendió un poco más mi pensamiento y gustos personales. Siempre claro una vez al año.
Hoy llegó esa fecha del año. Ahora sólo me hacía falta unos pantalones, fuimos al Outlet un extraño concepto para mi. Ponen la ropa fuera de temporada a precios muy bajos por que ya nadie la quiere según esto. Para los despreocupados de la moda estar "out" una temporada no es un gran riesgo (si lo es quedarse en la del ´64) y al ser ropa de buena calidad con precios razonables es una excelente opción. Aún así me compré unos pantalones que me parecen demasiado fachón aka fashion y también unas chamarras por que los que me conocen ya están hartos de verme con la café. Para su gozo esa chamarra será jubilada con todos los honores. Esa chamarra es un hito: algunos le llaman Prepa y Universidad a cierta etapa de su vida quizá yo le llame el tiempo de la chamarra café. En fin, visitamos el de Lerma, había mucha gente para ser día de elecciones del Estado de México, que pronostico ganará la corrupción, lastima.
Me queda el recuerdo del ritual de Julio, el próximo año ya no tendré que entrar a la escuela, la ropa que me hace falta es mucho menos que cuando salí de la secundaria por que entonces además de crecer lo único que había en mi closet eran uniformes, es quizá el fin de un ciclo o el inicio de otro, es probable que no sea necesario que tenga que hacer todas las compras del año un sólo día aunque me gustaría hacerlo, de todas formas me alegro de haberme tragado mi orgullo de filósofo cínico de entonces y haberme dado todo este tiempo el gusto de conocer a mi mamá.

14 comentarios:

Pato Pascual dijo...

A ver si no me abuchean por este blog. Marie Laure insiste en que escriba cosas desde el alma. Este es un intento.

Morella dijo...

Creeme... te había imaginado así de elemental. Con tu remera café...
-Hola, soy Alejandro.
Y con toda tu humanidad mostrándose clara y sin adornos. Clara y con clase, elegante en lo simple. Básico...
Y con toda tu humanidad mostrándose...
Yo también me quedo con tu claridad. Con tu remera café.

AleEle dijo...

Yo también salí a tomar una dosis de quality time nomás que fuimos a comprar trajes de baño. Todavía falta para el ritual del nuevo año escolar en el que es indispensable el visto bueno de mi mamá.

Daniel M. dijo...

Mmmm. Yo no sé, desde primaria nuca fui fan del uniforme, me causaban cierta nausea. Creo que yo fui el primer niño que se negó rotundamente al uniforme en mi escuela, ergo, niños vestidos como dios les dió a entender por doquier. La directora me citó un día allá por mi tercer añito de primaria y me preguntó si sabía por qué tenía que usar uniforme, y le contesté "si, porque ustedes los venden. Pero a mi no me gusta y no lo voy a usar" Y claro me regañó pero al final pude más que ella y tómala barbón nunca usé uniforme. Bueno una vez, porque era embajador ecológico o pedo asi de mi escuelita y tenía que asistir a las juntillas esas de niños ñoños en uniforme y cual, yo llebaba mis jeans, mis converse y una playera que aun conservo. Me llevaron a fuerza y como se trataba de perder clases yo feliz me puse el pantalon de un cuate que si llevaba uniforme, ese día me la pasé lindo echando hueva y haciendo hoyos en un parque (le ensucié el pantalon barbaro). Luego como no me gustaba el color verde del uniforme de las secundarias publicas ni el cafecito de las tecnicas, dije yo me voy a la Anexa. Saludos.

N dijo...

Excelente. La Edad de piedra; Antigüedad; Medioevo; Renacimiento; Ilustración; 70´s; la Era de la chamarra café. Creo que sería un error olvidar los pantalones entubados. Por otro lado, estoy absolutamente de acuerdo con tu reflexión. Los subterfugios y estratagemas nunca serán suficientes para regresar a aquel estado puro y originario del uniforme.

Guillermo dijo...

Insisto en que te verías más sexy sin ropa.

Marie-Laure Bosch dijo...

Gracias, pues sí muy bonito,creaste la tensión y me gustó mucho. Recuerdo una pelea que tuvimos porque yo insistía en que dejaras los pantalones entubados y que abandonaras la michael jackson (mocasín negro+calcetín blanco); y discurriste mucho sobre la modita y tu look, y.. ya te acordaste?
Yo insisto en que le digas a tu madre! Pero con calmita. Esas neurosis a algunas chicas se les pasa comprando ropa; a otras quitándosela.

Marie-Laure Bosch dijo...

Sigo y sigo dándole vueltas a los asuntos que surgieron de esta noche de lavandería. ¿Dónde está el verdadero límite entre julio de compras y agosto de chamarra nueva? Tengo el miedo.

Daniel M. dijo...

Oh man...I got ..."THE FEAR".

Fear and Loathing in Las Vegas.

Pasito tun-tun dijo...

Si este post plantea una relación antagónica entre las compras frívolas y el filósofo, debo decir que estoy en completo desacuerdo, pues me parece que el gremio filosofoide es bastante frívolo. De cualquier manera coincido en que aveces, al permitirse hacer cosas frívolas, uno puede conocer y hasta disfrutar. No te diré lo bajo que he caído yo.

hugo dijo...

ni modo, te pierdes una gran aventura totalmente (palacio) superflua y banal y deliciosa. la sensualidad experimentada al probar ropa y combinarla sabiamente, con un sello personal distintivo, es verdadera, intensa y costosa. pero lo vale.

Napoleón dijo...

Para pasito tun tun: creo que el gremio ingenieriloide puede llegar a ser todavia mas frivolo, si no preguntale al Pato Pascual.

En cuanto al post; no creo que merezca mayor comentario. Todo mundo sepone lo que le gusta y puede ponerse como puede ponerse y cuando puede ponerse. Eso de la moda y vestiditos que de diseñador y ropa con nombre, son inventos de mercaderia para que la ropa pueda venderse mejor y socialmente se le pueda adjudicar una importancia que en realidad no tiene.
Solo es ropa...
me!

La Ch dijo...

Me parece que Guillermo tiene razón. Sin embargo, la moira hoy me ha castigado por semejante sandez! Auxilio! Hoy me quieren volver a llevar a comprar ropa!!!! Ya no quiero!!!!

Miguel Tormentas dijo...

a mi desde niño siempre me gustaron las playeras chuscas, lo demás como casi todos ustedes lo odio