miércoles, mayo 18, 2005

Luz amarillosa

Este cuento se llama Luz Amarillosa. Inspirado en la experiencia estética que me arropó regresando de Queretaro después de visitar a mi buen amigo Rodrigo Chavez. Por la noche conforme me acercaba a la ciudad con un grupo de amigos notamos como una mancha naranja iba engullendo el aire poco a poco. Decidí copiarlo gracias al interes de Luis Ricardo http://luisricardo.blogspot.com/ que ha seguido con mucho interes mi blog. En el suyo el hace una crítica de cómo la burocracia mexicana nos aleja de las estrellas. De inmediato recorde este cuento y decidí copiarlo, los dejo con él.

Luz amarillosa

-¿Has estado en el campo? ¿Has notado como las noches son más oscuras allí?
-No en realidad.
-Conforme te acercas a la ciudad una luz amarillenta con una consistencia pesada similar a un huevo crudo te va envolviendo paulatinamente, y así las estrellas van desapareciendo del cielo.
-¿Es por eso que no podemos ver las estrellas en la ciudad?
-Así es, la luz artificial de las casas, de las avenidas y de los cables corroídos opacan la tenue luz estelar.

Esa noche tuve curiosidad de ver las estrellas y las luz amarillosa. Subí a la azotea y no pude ver ni la una ni las otras. Vivir en la ciudad me tiene acostumbrado a mi y a todos su habitantes a una resplandeciente luz nocturna. Es curioso que sienta nostalgia por una oscuridad sepulcral, intuyo que sólo así podría admirar la luz diurna y definitivamente sólo así podría ver las estrellas. Realmente no sé lo que es la oscuridad, mi amigo ya lo había dicho:

-Es como una trampa, una vez que estas dentro no puedes darte cuenta de lo que hay alrededor… esa luz. Un aire fosforescente que ves y respiras.

Me tendí sobre el techo, intentando imaginar el cielo estelar, me concentre sólo en un punto. Es mentira quien diga que no vemos las estrellas, esa noche pude contar tres.
Casi me quedé dormido mientras veía ese punto opaco que figuraba a estrella, por un momento creía soñar. Repentinamente esa pequeña fracción de espacio se prendió como una lumbrera deslumbrante y alrededor un incendio de luces se disperso por toda la bóveda. Por fin pude ver las estrellas, cientos, miles, no se cuantas, quizá tantas como pudiera ver, quizá tantas como los hijos de Abraham.
Quede maravillado ante aquel espectáculo. Noté que el halo de luz amarillosa había desaparecido. El cielo nocturno por fin era negro, como un manto insondable y no una mas gelatinosa de verdes, azules y anaranjados. Ese aire amarillo sólo es el reflejo de la polución lumínica un efecto de la actividad humana.

Así como aparecieron las estrellas en el cielo, así escuche el intenso pitar de autos que bajaron mi atención de inmediato a la tierra. Me asomé por el borde del techo y vi la ciudad negra como el abismo. Sólo persistían ciertas luces que representaban los faros de autos perdidos que cruzaban calles invisibles.
Permanecí allí, escuche sonidos que hubiera preferido nunca escuchar. La gente uso el apagón como pretexto para saqueos, robos, asesinatos y violaciones. Por suerte la corriente eléctrica volvió rápido, restaurando el orden y llevándose las estrellas.

2 comentarios:

Malakatonche dijo...

Ahora, la luz amarillenta es símbolo de marginación o de la nostalgia del barrio viejo, dependiendo de por donde se ande.

Se me ocurre a mi, se me ocurre a mi.

Pato Pascual dijo...

Muy valido, muy bonito y como diría Don Pedro Vargas, muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido