miércoles, mayo 25, 2005

Consummatum est

Hoy es un día de esos en los que las palabras sobran y las palabras faltan. Sobran por que cualquier cosa que se diga nunca alcanzará el sentimiento y faltan por que precisamente no hay ninguna para describirlo.
Después de diecinueve años en la misma institución termine mis estudios con una licenciatura en filosofía. Falta presentar examenes finales incluyendo el profesional pero hoy fue el último día de clases.
No puedo recordar todas las veces con las que soñe este momento, sobre todo en algunas clases de español de Primaria y muchas otras clases -justo a las dos de la tarde antes de salir- en secundaria. En aquel tiempo le pregunté a un amigo mio oye ¿no te gustaría que hoy termináramos la secundaria? y el me dijo que no, por que luego había que estudiar más cosas que no se iban a acabar tan facilmente (mejor acostumbrarse). Me hubiera gustado tener esa displicencia tan útil para vivir en el verdadero instante cotidiano pero no la tengo. Siempre me ha gustado anticiparme al futuro pero mi futuro nunca iba más lejos que este momento.
Casí todo lo que soy se lo debo a la escuela, y en particular le agradezco que me estrellara con tan buenos amigos sin los cuales mi vida no tendría sentido. Sin embargo hoy acaba, me siento más que formado, más que listo para enfrentarme a la vida sin saber bien qué es lo que debo enfrentar.
Cuando salí de primaria fue inspirador deseaba tanto tener nuevas materias, cuando salí de secundaria fue eufórico había superado un sistema represivo, cuando salí de prepa fue alegre me esperaba un futuro brillante de nuevos conocimientos y la oportunidad de finalmente recibir conocimientos con sentido crítico, hoy que salgo de la licenciatura me siento en un abismo insondable, muy satisfecho de lo hecho, con una incipiente esperanza que apenas se asoma acaso fruto del sentimiento de terminar un ciclo, pero insisto con un abismo insondable.
Es algo curioso, no siento como si hubiera terminado, por Agosto voy a volver a tener la intención de entrar a clases, de alguna forma en la filosofía, y en la universidad de la cual tanto me he quejado, encontré un lugar, un rinconcito en una esquina del salón que nadie me podía quitar misma que compartí con unos amigos que para mi hoy son mi familia. Por eso es que no asimilé nunca mi salida, por eso ni siquiera la pensaba y menos aún mencionaba. Ese lugar que era mio ha desaparecido ,es momento de que busque en algún otro lado.
Agradezco tanto y tantas cosas, y quien acaso suguiera que la filosofía no es formativa, que no alimenta el espíritu y engrandece las mentes yo y mis compañeros estamos dispuestos a refutarlo, -que ayude para conseguir empleo es otra cosa.-
Hoy Miguel Tormentas y yo estabamos estacionados medio en doble fila (empero los carros si pasaban) en Augusto Rodin, tenemos esa costumbre para platicar las últimas impresiones del día justo antes de irnos a casa. Charlabamos de lo que ya nunca será, la clase que nunca tomaremos juntos, los profesores que nos extrañaran, las cosas que tanto odiamos pero que ahora recordamos con cariño como las neurosis de los trabajos, las faltas y las clases aburridas donde nos dormíamos o haciamos dibujos. En eso llega una patrulla y el poli nos dice discretamente haciendo alusión a la no tan civilizada posición del carro: -No se muevan así están bien.
Nos dimos cuenta de que era momento de despedirnos: tenemos que movernos aunque no queramos.

1 comentario:

Miguel Tormentas dijo...

Esta la ganamos.