miércoles, abril 06, 2005

Sobre las posibilidades

Cada momento la posibilidad cambía. Justo ahora pienso cosas distintas a las que pensé ayer. Este blog podría ser distinto si lo escribiera dentro de diez minutos. Lo único que permanece es el cambio, dirían algunos postmodernos reinterpretando a Nietzche. (La pasada oración no existiría si no hubiera tomado la clase de De Haro). El problema de la angustía, (la apertura de las posibilidades) no es sólo que pueda realizar muchisimas cosas, sino que en cada momento van siendo distintas y algunas van desapareciendo. Por ejemplo la posibilidad de subirse a los juegos de Mcdonalds ha desaparecido. La angustía no es absoluta, se da en el tiempo. Por decirlo así siempre va acompañada de cierta desesperación. (El cese de las posibilidades). La angustia es interpretada como un estado de animo. De cierto sentido se puede decir. Pero radicalemente sabemos que es mucho más. Una vez Alejandro dijó: "Las canciones de The cure son muy alegres, tienen letra alegre entonces ¿por qué es tan triste?". En su blog ha estado cabildeando el tema ultimamente. Como entrar o salir de estados de ánimo. ¿podemos procurarlos? Desconozco. Lo que sé es que casi todos los días siento angustía. Sobre todo en una situación muy determinada. Al ver a una niña que me gusta. Ayer ví a tres. Una estaba esperando afuera de la escuela. Estaba sola. Como diría un pirata hacía una nave española cargada de oro: "lista para el abordaje". Nunca antes la había visto sola. Era la oportunidad. La posibilidad. De hablar con ella. Pero ¿de qué? o ¿de qué modo? o ¿cómo? y si tuviera exito con una conversación al menos inteligible para un hispano-hablante la invitaría después a salir. ¿a donde? ¿y luego? Puedo continuar imaginando futuros posibles. Declaración de noviazgo, salidas al parque, puestas de sol. Todo con ella y tan radicalmente distinto como sería estar con ella. Una posibilidad que se inicia en un instante con una persona en específico. El inicio de una nueva vida. Este delirio se repite con cada chica linda que veo. ¿cómo podría relacionarme con ella? Por supuesto es falaz. No siempre lograría relacionarme exitosamente con todas. Las posibilidades no son infinitas, pero aún así puede que sean numerosas. Otra estaba afuera de la biblioteca nacional. Pasó lo mismo.
Sólo me he aventado a hablar con una chica que no conozco. Susana. Casí todos conocen la historia, incluso ella que la recuerda con simpatía. Obtuve una linda amistad, y entré a la vida por la puerta de atrás. No me arrepiento. Pero no creo que alguien debiera hacer con cada persona que viera como posibilidad. ¿Se convertiría en un Esteta? Sólo perseguidor del objeto de su afecto. ¿Cómo conseguir pareja? ¿Le tiramos a las probabilidades y conocemos a tantas personas sean posibles? o ¿confiamos en la providencia? Sería triste que por comportarse de forma estadista conocieramos a alguien privandonos de conocer a otras personas. Conocer a alguien siempre es algo incidental a menos de que el destino exista. Nuevamente la angustia prevalece por sobre ambos caminos. Si encontrar a la persona amada depende de una campaña publicitaria donde daremos con la persona más adecuada la posición de seductor es la más adecuada, tendríamos que angustiarnos por la posibilidad de cada posibilidad. Si en cambio estamos destinados a encontrar al ser amado, la angustia consistiría en esperar el momento de la epifania donde la realidad nos revelara la identidad secreta de la persona buscada.
Muchas veces me han dicho que tengo un problema con las cosas que no puedo controlar. Creo que no soy el único. Sabemos que si no vamos a la escuela reprobaremos, pero en encontrar el amor, ¿depende por completo de nosotros? Una sana actitud hacía las demás personas, buscar en los lugares convenientes y procurar ser una buena persona puede ayudar a encontrar pareja, pero nunca es definitivo. La necesidad de la coincidencia espacio-temporal persiste y esa no depende de nosotros. A veces pienso, quizá la persona que está hecha para mí vive en la china (es muy probable por la cantidad de personas que allí vive). Pero si estuviera destinada para mí, el sino sería muy cruel si la pusiera tan lejos de mí.

Ahora un poco de angustía para ustedes. Directo de mis salones de clase dos episodios en la vida de lo que presumo es el mismo hombre. Concebidos como textos independientes luego me percate de cierta continuidad. El lector juzgará si se trata del mismo individuo.

I.
La calle empedrada, el agua nocturar refleja un cielo nebuloso y opaco. Una hoja en el suelo es lo único que se mueve, agradecida por incipiente soplo que no puedo llamar aire. Sólo el sonido de una puerta de metal me distrae lo suficiente como para no llorar. La escena es única, desoladora, pesada, cargada de nada, ni un viviente más allí que yo: las plantas, marchitas.
Hay un tronco podrido, impide el paso a un patio que promete, el obstáculo me disuade de hacerlo.
No sé que hacer. No miraré atras, tampoco me puedo sentar y permanecer de pie es incomodo, estoy inmovil, mi existencia es en este momento más una costumbre que una convicción.
Esta calle me tienta, me alimenta, vivo de ella, con ella y le temó. No encuntró nada más que la consciencia de una observación intermitente. Terror de angustía. Quiero escapar, pero estoy al aire libre ¿a donde podré ir? Seguramente a un lugar no muy distinto de mi. Todo el globo esta pavimentado de sufrimiento.
Nadie transita este camino. Si los hombres somos viajeros no veo a nadie circulando, ni siquiera yo. Soy un testigo de la vacueidad. Este lugar fue hecho por hombre que ya no están, concebido para cualquier proposito menos el de que yo lo mire. Ellos no estan, no los conozco, el tiempo me separa de los demás. La calle es testigo de nuestro paso, todos nosotros esperamos que en algún momento ese tiempo, este tiempo, el tiempo termine.

II.
Sabía que lo peor de haber asesinado a su mujer sería la soledad que vendría a continuación. Mientras lavaba su traje manchado, lloraba extrañando las noche que ya no pasarían juntos. Allí, ella, su rostro, languido y flácido nunca volvería a sonrier con el cabello echado al vuelo. De cara al piso. Ya no escuchaba el agua que limpiaba a su mano ejecutora. Tampoco maquinaba una venganza, no intentaba defensere, ni gritaba de pánico. Chorreaba. Si interior estaba vacio, y se le había salido a cuentagotas. Dip, Dip. las gotas derramadas seguían su cause por la escalera hacía un mar de tranquilidad rojo. Ninguna persona notó como su piel blanca y su fina cabellera combinaban con el tono billante casí destellante del líquido que salía por su cuello: hermoso contraste que apenas se hacíá más bello por acero destellante del cuchillo encajado en su pecho. Él miró. Dejó el jabón y la abrazó, sin importarle mancharse de nuevo. Se levantó sosteniendola. La apretó fuerte, el arma se internó aún más en su cuerpo. Explotaron las venas del corazón y virtió su contenido sobre el marido y el cuarto.
La perfumada cabeza de la mujer se echó para tras, la liga que sostenía su cabello se soltó. Una invasión súbita de luz vespertina fue a dar justo a ese lugar de la espalda. El hombre se enjuagaba las lagrimas en su pecho, que en un súbito movimiento se erizó apuntando el techo. Su figura se curveo. Sus brazos descendieron delicadamente, a travéz de ellos circulaban rios de sangre que morían en las puntas de sus dedos. El la sostenía sin percatarse de la fuerza con que la estrujaba, tanto, que hubiera parecido que un gemido escapaba de los grices labios. Su cintura se contrajo, su masa corporal se distribuyó hacía su cabeza y sus pies, lejos del centro. Parecía que iba ser fragmentada en dos. La sangre brotaba por cada salidad posible. Pronto estaría desparramada de adentro hacía afuera y aún, segía viendose hermosa. Donde la piel persistía inmaculada, brillaba albina decorada de un liquido seda roja. La presión estaba a punto de dividirla. Los brazos del sujeto ya casí alcanzaban su propio estómago. Contemplar esta figura femenina semejaba una escultura de marmol separada como si fuera arcilla. Cuando finalmente sucedió la división, la parte superior salío expulsada hacía el techo convirtiendose en una mancha que eventualmente se transfiguró a su vez en una nube que salió por la ventana. En cambio, las piernas de la mujer permanecieron sin transformación, al verlas, el hombre salió por la habitación siguiendo a la nube por el mismo lugar, sin saberlo pues nunca la miró.

1 comentario:

Miguel Tormentas dijo...

Malraux comienza su obra más conocida con un asesinato. Antes de robarse cierto documento imprescindible para la revolución Chen acuchilla a su víctima mientras duerme. Esperaba una lucha, imaginaba que así sería, y sin embargo terminó siendo un asesinato a sangre fría. Pero lo que más le sorprende es la oposición de la carne al puñal.
Piénsenlo. ¿Se han imaginado lo que se siente apuñalar a una persona? (Aunque sea inexistente, digamos, un soldado anónimo del comando cobra). El cuchillo entra como mantequilla. Contrario a lo que dicta el sentido común, pues si alguna vez han cortado carne cruda con un cuchillo sabrán lo fuerte que puede ser.
Así se siente meterle un cuchillo a alguien, la próxima vez que estén cortndo un bife piénsenlo.
Este texto también habla de la posibilidad. No puedo evitar recordar a Felipito cuando piensa que crecerá, obtendrá un título, se casará, tendrá hijos, estos a su vez crecerán... y de pronto se avient de rodillas y comienza a gritar con el rostro angustiado "¡No! ¡Al asilo no!". Y cómo olvidar el "¡tenemos una hija que ya va a la escuela!".
Tempus fugit. Y es como Harrison Ford, aunque tengamos la razón de nuestro lado él es el protagonista y no puede perder.