miércoles, marzo 30, 2005

Ensayo suleto entre O y P.

Estoy escribiendo una Novela. Se llama Gustavo. Habia prometido no escribir nada hasta terminarla. Ya valio madres.
Aqui voy a escribir cosas de Gustavo, si hay interes igual publico algun inciso. (Se divide en incisos alfabeticos). Gustavo era mi blog. Este es el blog de mi blog.



Ensayo suelto entre O y P.
(Que aparecerá muy posiblemente como Anexo a la obra al final)


Suelo enseñarle a mis amigos Gustavo. A veces hacen interpretaciones sobre la división alfabética del libro y si tiene que ver algo con el contenido. Si G es el más erótico, si K el kierkergaardeano o si M el majadero. La observación me complace tanto como me halaga, como si hubiera una intención de concordancia. No puedo decir que a veces no sea así, pero tampoco que lo sea siempre. De cualquier modo la ambigüedad me agrada tanto como para hacerla explicita en este mismo momento y hacerla un poco menos ambigua.
Sobre O me preguntaron si en realidad no quería decir cero. En efecto Gustavo se ve precipitado a un estado anímico de nulidad que sólo podía alcanzar a través del derrumbamiento de su comportamiento habitual suscitado por la experiencia de haber vivido un amor inesperado por Andrea y terriblemente profetizado por Mariana.
Había prometido no escribir nada distinto a Gustavo antes de terminarla, ahora fallaría con la promesa a menos de que incluyera esta nota en la obra, situación comprometedora que me obliga a hacer algo si no concordante al menos pertinente, efecto que intuyo no estoy logrando en lo absoluto.
A no ser que recordara lo que es Gustavo para mí. Una obra que escribo sobre lo que quiero cuando quiero y del modo que quiero.
Gustavo me ha cambiado de un modo que no esperaba. Para mi se ha convertido en un registro emocional en el sentido de mood. Un viaje del cual no sé que esperar pero que sin embargo se que aún no termina.
La pregunta es lo que pasará después de O me inquieta. ¿Qué hay después del vacío? Los acontecimientos acaecidos en mi vida se han vuelto tan inquitetantemente literarios que escribirlos me aparece un tanto vacío. Quisiera transformarlo como algo distinto en Gustavo.
No soy Gustavo. Ni siquiera el narrador y nadie que conozca es uno de los personajes. No quiero dar claves hermenéuticas por que simplemente no las hay. He notado que todas las personas, –incluso las ajenas a la literatura– acceden a las obras con muchas pretensiones, quizá por que siempre hay algo que esperar. Después de todo si alguien se va a tomar la molestia de leer ochocientas paginas se espera que algo dé, más que sentimientos y vivencias.
Al escritor sería muy fácil decir que no se espere nada de su obra, de ese modo abandonaría cualquier responsabilidad, pero de hecho existen ciertas obligaciones si espera ser leído por alguien. Desconozco cuales son.
Lo que sé es que he leído muy poco, sé que trato temáticas comunes y que pecó en abundar en psicologismos absurdos.
Insisto, no soy un escritor, aún no. No conozco la técnica. Me hice paso a través de ensayo y error y con la ayuda de mis amigos.
Ellos dicen que he escrito más de lo que he leído. Espero que no sea así, pero es cierto que me califico como un pésimo lector, y por ello aún peor autor.
De cualquier forma Gustavo es el testimonio de un autodidacta, tampoco quisiera desanimar a un entusiasta en leerme, pero la advertencia permanece.

1 comentario:

Miguel Tormentas dijo...

En efecto, la clave para entender todo esto está en el mood, Gustavo es entonces repetición en el sentido auténtico del término. ¿Pero cómo puedo yo conocer la interioridad del poeta a partir de lo exterior? ¿No es una mera especulación mía? Pero aquí no hay poeta, solo palabras libres e impredecibles, no salvajes, sino como un centenar de gallinas que se escaparon del corral y corren libremente por el campo formando -desde una vista aérea- palabras en sánscrito.